lunes, 30 de septiembre de 2013

Siempre puedes empezar un coleccionable



Las navidades, y sobre todo el verano, son fechas en las que nos permitimos con menos miramientos que en el resto del año, alguna que otra licencia perniciosa y frecuentes excesos económicos y/o alimenticios.

Tras las vacaciones, la vuelta a la rutina implica obligarse a retomar las riendas de nuestra vida y romper con los “malos hábitos”; o al menos intentarlo. Y para rizar el rizo, con la vuelta al cole no sólo volveremos a tratar de encauzar nuestras vidas, sino que además buscaremos nuevas metas o motivaciones. O al menos lo intentaremos.

¡Para qué marcarse nuevos objetivos o realizar cambios en primavera o en verano cuando los días son más largos, todo es luz y color, tenemos más tiempo y estamos más animados y dispuestos a salir de casa! En el más difícil todavía, mejor hacerlo a partir de ahora, aunque caigan chuzos de punta o haga frío. Si hace falta uno se pone las katiuskas o se enrosca la bufanda. Es justo a partir de ahora, cuando los días son más cortos, y a consecuencia de la menor cantidad de luz solar nuestro organismo sufre una serie de cambios hormonales -como la disminución de serotonina y de dopamina-, que no ayudan especialmente a tirar del carro. Cuando tenemos nuestra fuerza de voluntad bajo mínimos a consecuencia del desenfreno y el descontrol de las vacaciones; cuando vivimos la bajuna post vacacional. Precisamente a partir de ahora, cuando somos más vulnerables a las enfermedades. Ahora, en el mes en el que se multiplican los casos de insomnio o de divorcios. ¡Alegría, alegría! Empecemos a hacer bondad para buscar la felicidad justo AHORA; así, con un par.

Porque incomprensiblemente el buen tiempo nos parece excusa suficiente para mandar a la mierda pilares básicos de la salud que facilitan el camino de la felicidad, tales como el ejercicio físico, una nutrición e higiene adecuadas, o el bienestar mental. En vacaciones perdemos el hábito del deporte, el de planificar los menús o de controlar los horarios de las comidas, abocándonos al picoteo y al guarreo; empezamos a trasnochar, a cuidarnos menos, a fumar más… Lo hacemos todo al revés, a pesar las buenas intenciones.

No me explico por qué con el calorcito nos obnubilamos con los pajarillos, las mariposas, las minifaldas o los torsos descubiertos y vemos la vida pasar; por qué nos perdemos con las cañitas y las tapitas o los helados, y nos da por dejarnos los cuartos en cenas maravillosas a la fresca o en escapadas allende nuestra propia provincia; o en fundirnos la cartera en festivales de desenfreno que ni aguantamos tan dignamente como antes ni disfrutamos como hace unos años, en vez de dedicar nuestro tiempo a hábitos mucho más saludables y a controlar el presupuesto. No sé qué tiene Don Lorenzo que nos hace caer rendidos en sus brazos y nos aplatana, y convierte las cabezaditas de 10 minutos que nos echamos en invierno, en siestas de orinal y pijama con el buen tiempo, o que nos calienta hasta temperaturas warning que voy a llamar a quien no debo. No entiendo qué tienen los días estivales que nos confunden de esta manera y nos alejan de toda práctica buenista en pro de la felicidad. No comprendo por qué en verano nos empeñamos en desordenar la felicidad para de repente… ¡zas! Encontrarnos con la vida de verdad en septiembre y tener que tomar cartas en el asunto. Y además con deberes añadidos.

¿Acaso la felicidad no debiera tratarse más de aumentar el placer, que de tener que restringirlo?

Adaptar tras las vacaciones cuerpo y mente a lo de siempre, de por sí ya supone bastante esfuerzo. Pero nos complicamos la existencia aún más, agobiándonos con la lista de buenos propósitos que hicimos al comenzar el año y que hemos ido postergando y adaptando mes tras mes; y de la cual no hemos conseguido tachar casi nada a estas alturas que ya está vendido casi todo el bacalao. Seguramente dijiste que llegarías en forma al verano, pero total, para ti siempre es demasiado tarde para la operación lorza. Te prometiste ahorrar para pegarte un buen viaje, y la realidad es que ni si quiera has salido del país y el agujero de tu bolsillo es aún más grande; conseguiste desconectar, eso sí. De veraneo te convenciste de que al menos te cuidarías porque te alimentarías a base de frutita y de gazpacho -que es lo que mejor te sienta con el calor-, pero en las resacas confundiste hipercalórico con hipocalórico y te diste a los hidratos y a las grasas saturadas que era lo que de verdad te pedía el cuerpo. Creíste que aprovecharías para acabar con esas novelas que tenías pendientes y darle caña al inglés o a cualquier otro idioma teniendo tanto tiempo libre; para montar en bici o salir a pasear, pero los días sólo te daban para esforzarte en decidir si boca arriba o boca abajo mientras tomabas el sol, para especializarte como único deporte en la barra fija por las noches, o para ver unos cuantos capítulos de la absurda serie a la que te enganchaste y que te impedía despegarte del sofá más que para hacer viajes a la nevera: horchata, granizados, coca-cola, cervecitas… que con las altas temperaturas, hay que hidratarse. Te propusiste tener noches de pasión a la luz de la luna, y sí, conseguiste mojar; mojaste un churro en una taza de chocolate caliente tras una de esas noches en las que se te fue de las manos y acabaste desayunando en San Ginés. Una agradable mañanita de esas de temperatura media de 35º, ¡así, a lo loco!

Resulta paradójico que precisamente sea en los meses asociados a las “cuestas”, cuando nos planteemos hacer propósito de enmienda, borrón y cuenta nueva, y decidir que es el momento de ponerse el mundo por montera. Es extraño que sea sólo al final de las vacaciones cuando sentimos que tenemos por fin libertad para retomar la actividad y nos empeñamos en querer volver a ser dueños de nuestras vidas, en tomar ¿el buen camino? 

Entonces rehacemos nuestra lista de buenos propósitos para cumplirla antes de que acabe el año: adelgazar, ponerse en forma, dejar de fumar, ahorrar, estudiar algo, encontrar pareja…

Como decía Yoda, “hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”. Porque ¿cuántas veces nos enfrentamos a acciones sin la necesaria convicción para conseguirlas? ¿Cuántas veces nuestro compromiso con intentarlo es una excusa para no esforzarnos más por conseguirlo?



De momento empiezo hoy cumpliendo uno de mis objetivos: retomar el blog.


Y si no encuentro otras motivaciones, siempre puedo empezar un coleccionable.

miércoles, 12 de junio de 2013

Allá donde estés



Gimnasyum Hispánico de Madrid
Clase de PREU
Hora: 9 AM



A las nueve horas del día de hoy compareció, como en anteriores ocasiones, en la clase citada, del colegio mencionado, y en la población indicada, quien dice llamarse: Miguel Ferrera; de profesión sus estudios.

A requerimiento de los oficiales del servicio y contestando a sus preguntas, el encausado Miguel Ferrera añade tan sólo estupideces y cretinadas sin sentido ni gracia.

Leídas que fueron sus declaraciones y las anteriores manifestaciones verbales, pasó a disposición del Tribunal Tutelar de la Protección de Animales y Flores, para someterlo a juicio.

RESULTANDO

Que cada día, desde hace muchos, viene viniendo a clase, lo que demuestra su reincidencia y obstinación.

Que si al principio era lelo, ahora lo es más, lo cual demuestra su malicia.

Que se tiene por noble, bello e inteligente, lo que demuestra su ingenuidad.

Que en ocasiones se pone molesto.


Así cuando vemos que se pone en pie, estirándose el jersey, pullover, o prenda similar que usa para preguntar tonterías al señor.

Así como cuando explica sus extensos conocimientos sobre una materia, que en todo caso no viene al ídem.

Así como cuando continúa insistentemente con el anterior tema que sigue sin venir al ídem.

Dogmatizando repetidas veces sobre la vida sexual, sexto mandamiento, píldoras y demás asuntos de su especialidad que tan jocosa hilaridad le causa y produce.

Así como cuando comunica sus experiencias con el otro sexo, sin especificar cuál –pues hay dos- y sólo habla del otro, aburriendo a la concurrencia.

Así como cuando sonríe con exquisito gusto y suma delicadeza amenazando pegar a alguna chica que le contradice.

Así como cuando expone contundentes razonamientos que extrae de los libros de Freud que lee, haciendo suyas las conclusiones que en ellos hubiere.

Así como cuando termina siempre enfadado al terminar las clases.

CONSIDERANDO

 Que los actos realizados por el encausado son totalmente premeditados con los agravantes de reincidencia y alevosía, abuso y desprecio del sexo, exceso de confianza, agresiones esporádicas, insultos de palabra y obra a sus compañeros, ofensas a la moral y allanamiento de conversaciones a las que no fue invitado.

Que de seguir así habrá que vestirse de almirante para hablar con él dado su complejo de superioridad.

Que en la presente situación si él bebe coca-Cola habrá que hacer lo propio para no ser tachado de idiota.

Que el individuo en cuestión es insoportable basándonos en testimonios de testigos dignos de crédito.

Y visto el ejemplar que se cita:

FALLAMOS Y CONDENAMOS

A Miguel Ferrera a la pena de quince años y un día de prisión correccional, así como a indemnizar a Pilar Arias, principal afectada, con 200.000 leandras por alusiones impertinentes de su media naranja, alias el Morángano, de profesión sus noviazgos.

Indemnización de 42.720,50 rupias a la señorita Fuen Fuen Zabala por proposiciones impropias y pretensiones de amor totalmente inadecuadas por ser compañeros de estudios y no tiernos pipiolos.

Indemnización a Kokó por repetidísimas molestias aludiendo al partido comunista que tanto respeto nos infunde, con 747.235 libras no devaluadas.

Indemnización de un dólar simbólico (o no) a la bellísima, simpatiquísima, inteligentísima y super encantadora señorita Pi, por afirmar que consume drogas cuando eso es totalmente cierto.

Indemnización de 85 francos suizos al señor Cuesta en concepto de alquiler del trozo de asiento que diariamente le usurpa.

Pagos de coste del juicio al letrado Kino (Kinito para los amigos/as), y la voluntad.


Lo que declaramos en Madrid para su ejecución correspondiente.



Madrid, 19 de febrero de 1969
Firmado el Juez de Instrucción

J.E.I.




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J.E.I. era mi padre. Él no tenía blog, pero también escribía. Ayer hizo 21 años de su muerte, y he querido transcribir una de sus historietas. Este es mi homenaje, allá donde estés, papá.



Pequeña Rita y su papá algún verano del siglo pasado

lunes, 3 de junio de 2013

La cosa tiene guassap



Recientemente mi madre se ha apuntado a lo de las nuevas tecnologías, y animada por el partido que le está sacando a su e-book y sobre todo por lo poco que le ha costado aprenderse la función de sus tres únicos botones, ha querido hacerse con un móvil que tenga internet:

- Pero yo quiero uno para tener guasap, poder buscar cosas en internet y consultar mi correo – me dijo.

Que me pregunto yo para qué querrá consultar su correo, si al del trabajo no puede acceder por un tema del servidor. Ni que fuera una ministra. Será para reenviar esas cadenas de mensajes que yo acabo rompiendo, atrayendo así mi mala suerte en el amor; o para petar correos ajenos con chistes sobre política o los típicos bulos de la red del año catapún, porque mucha tecnología, pero mi madre en muchos engaños aún no está actualizada, y a veces la pobre pica. Lo del WhatsApp en cambio ya sabía yo que lo quería para presumir de nietos, y en cuanto supo utilizarlo, empezó a enviarle a todo quisqui las fotos de los niños.

- Mamá, si tienes acceso a internet, podrás hacer todas esas cosas. Un Smartphone viene ya con todo eso – le dije.

- ¿Esmárfon? Hija, ¿pero el tuyo no es Sánsun? Yo quiero uno como el tuyo – me replicó.

- …

Superada la fase de elección del modelo de teléfono, estuve configurándoselo e instalando el ansiado WhatsApp; le puse una foto suya estupenda de perfil, y le expliqué las funciones del programa.

- ¿Que Mari está en la oficina? ¡Pero si hoy es domingo! ¿Y qué me pone Jesús de “felicidades por el triunfo? ¿De qué habla, cuándo me ha escrito eso? -.

Mi madre acababa de descubrir los “estados” de WhatsApp de sus contactos. Tuve que explicarle que el “estado” es algo que la gente utiliza para expresar cuál es su ánimo, para quejarse, anunciar algo, o que pueden ser mensajes cifrados para despistar al personal, pero qué básicamente sirve para demostrar lo ingenioso que es uno.

- Tienes que poner algo. Si dejas el estado que sale por defecto, es como si no estuvieras conectada – la chinché para que escribiera.

Y enseguida modificó el “disponible” por “novata”.

Lo siguiente que hice fue crear un grupo en el que estuviéramos nosotras dos y mi hermana, con el original título de “Madre e hijas”. Y ahí que empezamos a whatsappear. Cuando mi madre aún estaba tecleando su primer “HOLA”, mi hermana y yo ya le sacábamos 30 mensajes de ventaja. Desesperada, mi madre empezó a escribir: “VALE YA CON EL JUEGUECITO QUE ESTOY TRABAJ…”

“MADRE, NO ES UN JUEGUECITO. ¿NO QUERÍAS ESTAR CONECTADA? ESTO ES CHATEAR. DI HOLA WHATSAPP, ADIOS LIBERTAD” – contesté velozmente.

Y es que después de instalarte WhatsApp, automáticamente dejas de ser el propietario exclusivo de la fracción de tu vida que allí compartas, porque todas las conversaciones y archivos que intercambies pasan a ser propiedad de WhatsApp Inc. Cualquiera puede ser Scarlett Johanson, ¿qué no?

WhatsApp ha sido toda una bendición para nuestros bolsillos, pero precisamente por ser gratis, hay gente que abusa y que se lanza a compartir contigo en cualquier momento -aparte de fotos de gatitos o perritos-, todo tipo de banalidades; es como si el no ver la cara del otro, les facilitase sumergirse en reflexiones tan intensas y espontáneas como “en pijama la vida es más sabrosa”. ¿Ola k ase? ¿ola k dise?

Da igual que silencies el teléfono; el móvil seguirá iluminándose o vibrando con cada nuevo mensaje y chupando batería a todas horas, estés donde estés. Y si no es el tuyo el que suena, sino el del que se sienta al fondo del restaurante, le echarás igualmente un vistazo “por si acaso”, estableciendo así con tu móvil una relación de dependencia enfermiza y entrando en pánico cada vez que estés en un sitio sin cobertura 3G o Wifi, poniéndolo boca arriba, boca abajo y de todas las posturas posibles para ver si así consigues conectarte; no sea que el tipo al que amas y que en realidad pasa de tu culo, decida proponerte un plan estupendo justo en ese momento.

La gente además no es consciente de que cuando formas parte de un grupo de WhatsApp, incrementan peligrosamente tus probabilidades de sufrir un infarto, porque puedes despistarte tan sólo unos minutos y al volver encontrarte con 437 mensajes nuevos, y creer que ha habido un incendio o que ha pasado algo aún más terrible. Después descubres con alivio que la gente simplemente estaba divagando sobre si el cirujano de Carmen Lomana es bueno o malo, y de ahí enlazaron con tal receta de butifarra al vino, a colación de los labios de morcilla que tiene Fulanita que por cierto se parece a la Lomana que el otro día la vio no sé quién en Zara comprando unos trapillos y así.

Leí hace poco un artículo sobre los grupos múltiples de WhatsApp, y para sobrevivir a ellos, sugerían hacerse con un becario que pudiera responder por ti a todos los mensajes, o una aplicación que escribiera de forma automática “jajaja” cada cierto tiempo, para que los otros crean que les sigues el hilo. Y no me parece mala idea.

Luego están esos dos terribles enemigos para la salud mental de uno, que convierten a personas cuerdas en ogros desconfiados y controladores: el doble check y la última conexión. Son herramientas del diablo que se inventaron para crear malos entendidos con todo aquel que hace X horas miró el WhatsApp por última vez (porque el double check es Dios), pero no respondió tu mensaje: mensaje enviado-mensaje entregado-mensaje leído-mensaje ignorado; así de cruel. Las mujeres somos expertas en eso de imaginar por qué la otra persona aún no nos ha contestado: ¿Has tenido un accidente y estás tetrapléjico y por eso aún no sé nada de ti, porque no puedes escribir, verdad? También generan broncas producto del delirio adictivo al móvil, revelando por ejemplo que el tío con el que tienes un rollo estuvo conectado a las 5:12 de la madrugada de un día de diario y no hablaba precisamente contigo… ¡¿Con quién, eh, con quién?!

Mi madre ha descubierto hace poco que los emoticonos pueden ayudarte a darle sentido a lo que escribes. En realidad hasta que se ha fijado en que hay un desplegable con más opciones, remataba cada frase siempre con el mismo: ;-P Y daba igual que lo que contase fuese algo muy serio, que mi madre nos acababa sacando la lengua a mi hermana y a mí.

Recordando este video, no podía parar de reír imaginándomela sentenciando todo con un guiño, la sonrisa socarrona y su lengua de medio lado.

VALE YA, QUE DE TANTO TOCAR EL BOTONCITO ME ENTRAN UNOS CALORES ;-P – me escribe.

A SABER QUÉ BOTONCITO ESTÁS TOCANDO Y DE DÓNDE TE VIENEN LOS CALORES O_o – contesto.


Si es que la cosa tiene guassap



lunes, 27 de mayo de 2013

De luz y de color



Hace tiempo, unos amigos me recomendaron que viera la irónica película de Hal Ashby “Harold y Maude”, argumentando que me gustaría sobre todo por las similitudes que consideraron que hay entre la personalidad del protagonista y la mía. Harold es un niño de buena familia que a pesar de tener cualquier capricho a su alcance, está deprimido. Fascinado por la muerte, se entretiene montando grotescas y fúnebres performances para fingir su propia muerte por suicidio, ante la absoluta indiferencia de su madre.

Sin llegar a los extremos de Harold, admito que en mí aún hay ciertas reminiscencias de la oscuridad de mi adolescencia que quizá me podrían acercar a ese personaje. Yo confieso que mientras el cuarto de mis amigas estaba decorado con peluches y posters de tíos estupendos, en mi habitación lo que había eran brazos de látex cercenados, máscaras repugnantes, bebés de aliens en formol, y posters de películas gore. ¡Una auténtica monada, jur jur jur! Y fotos de Depeche Mode, por supuesto. Para más señas diré que mi abuela, en cuanto vio la foto de las hijas de Zapatero en la recepción de Barack Obama, me llamó para comentarme lo muchísimo que le habían recordado a mí por aquella época. Porque yo también fui un poco "sierva de la noche". Y aunque gracias a Dios he evolucionado, aún predomina el negro en mi armario, me encantan los fenómenos paranormales, me hace gracia el gore y la escatología, y me sigue emocionando la música que escuchaba entonces.

Reconozco también que me he imaginado infinidad de veces mi funeral, preguntándome quién asistiría y cómo reaccionaría la gente. Incluso he pensado en mis últimas voluntades.

A estas alturas del cuento no voy a desvelar ningún secreto diciendo que la mayoría de los que me conocen, me consideran una persona no precisamente optimista, aunque yo me crea más bien realista: sin ser demasiado agorera, siempre tiendo a ponerme en lo peor, porque así sólo me queda sorprenderme para bien.

Pero desde hace un par de meses, me pasa algo raro: el buen humor se ha apoderado de mi persona y me despierto cada mañana con una sonrisa. Y no es que me incomode este estado, pero he empezado a preocuparme tras recibir un email de mi jefe felicitándome por mi buen trabajo y la calidad de mi atención, en el que me reconoce como la mejor y más amable empleada de mi turno. Mis propios compañeros, que me describen como la "reina de la bordería", se extrañan y piensan que hay tongo. Juro que mis rodillas siguen sin estar peladas, pero es que de repente soy todo buenas palabras y buen rollo. ¿Será grave?

Aquí es cuando creéis que voy a confesar que me he enamorado… ¡ja! Me temo que sigo estando soltera; o single en inglés. Y que a este paso me convertiré en maxi-single, o sea, una solterona en castellano. Siento comunicaros que mis experiencias con el sexo opuesto, siguen siendo igual de desastrosas que siempre.

La cosa es que casual o circunstancialmente, desde que asistí como testigo a unas Constelaciones Familiares, soy otra persona.

Lo cierto es que esta ha sido la primera primavera en mucho tiempo, que he vivido como la mayoría de la humanidad, con sus picores, sus furores y sus alegrías. Para mí la primavera  solía venir de la mano de la astenia y del agobio por la operación bikini a la que siempre llegaba tarde. Y de pronto fschchchch… ¡todo eso se ha esfumado! Y con el mal rollo y los kilos de más, también se me fue la inspiración, motivo por el cual dejé de escribir por aquí. ¡Mi musa me abandonó cual mal desodorante! ¿No dicen que los grandes genios generalmente son mentes atormentadas? Será que resulta más fácil escribir desde el dolor y los sentimientos a flor de piel. Ahí lo dejo.

Con los calentones propios de la temporada, volví a las andadas y retomé lo del ciberligoteo, y lamentablemente el percal sigue siendo tal cual lo recordaba: patético. 

Pero he conocido a dos hombres.

El primero, es el meteorólogo: un tío de toma pan y moja con pinta de malo -como a mí me gustan- pero con buen fondo, amante de la música y de la fotografía. Durante unos dos meses nos hemos estado enviando mensajes en una botella; o sea, él me escribía, yo le respondía enseguida, y él tardaba unos días en contestar. Entonces le volvía a responder corriendo, y cuando ya creía que el chico de nuevo había desaparecido del mapa, recibía un nuevo mensaje. Todo con cuentagotas, vaya. En cada misiva me explicaba que estaba muy ocupado, que tenía mucho trabajo reparando ordenadores, y hablaba de su tema favorito: el tiempo. No, no era meteorólogo; simplemente llevamos dos meses hablando de climatología. Literalmente. Se ve que el chico no da para mucho más. Aunque he de admitir que las incesantes lluvias de marzo y abril nos han dado mucho juego, y así pasamos de alabar el romanticismo de los días grises en nuestros primeros correos, a cagarnos en lo de las aguas mil de abril y de paso en el gobierno, porque después de tantos días pasados por agua, acabamos concluyendo que estos están metidos en el ajo, que con tanto recorte acabarán queriendo quitarnos el sol y lo mejor de la primavera: las terrazas. El caso, que como ahora el tiempo se ha estabilizado, hace mucho que no nos escribimos, y sospecho que ya no hay feeling entre nosotros. Vamos, un disgustoooo…

La siguiente historia es un poco más chunga, bastante de guión de película. Imagínate una pastelosa, con un protagonista cañón, majo, guapo, inteligente, interesante y con pasta, pero con un puntito de canalla… un Keanu Reeves, por ejemplo. Ahora imagina que la historia medio romanticona de los protagonistas se convierte en una versión exprés y descafeinada de “Noviembre Dulce”, solo que yo soy Keanu y él sería Charlize. Un chico al que empezaba a conocer con el que parecía que conectaba, y que ha tirado todo por la borda paralizado por el miedo a que los resultados de unas pruebas que tiene pendientes no sean positivos y le diagnostiquen una enfermedad potencialmente mortal. Y sin más se volatiliza. Todo bastante triste. Ejem...

Alguien me dijo una vez que es cierto lo de que “a perro flaco todo son pulgas”, ya que estar amargado sólo puede traerte cosas negativas, y por lo tanto una actitud positiva es determinante para atraer cosas buenas. 

Ahora que estoy yo tan a gustito y tan positiva, tan divina de la muerte y que no tengo miedo a perder ni a que se repitan las malas experiencias, yo me pregunto: ¿por qué sigo fracasando tan estrepitosamente en el amor? Y si el amor me da la espalda, ¿qué hago, le toco el culo como dicen? 

Mira que si es verdad que no responder a las cadenas de mensajes de whassap trae mala suerte...


Hola, he vuelto :-)


miércoles, 17 de abril de 2013

¿Y si funciona? ¡Constelémonos!




- Menos mal que has venido. Tía, que yo ya me imaginaba que esto iba a ser una especie de circo, pero no esperaba encontrarme a la mujer barbuda. ¡Joder, es que Madame Brie tiene barba!

- Bendito sea, Marta, ¡qué me estás contando! ¡Madre qué frikismo! – dijo Ana María con cara de estupefacción al tiempo que se descalzaba.

- Están ya todos en la sala del fondo. Concentrados… no sé si están meditando. Y ya verás la pinta de la tal Madame Brie, no digas que no te lo he advertido. Me daba palo entrar hasta que no llegases tú – respondía una Marta algo nerviosa.

Marta y Ana María se preparaban para asistir de observadoras a un taller de Constelaciones Familiares en el Instituto de Madame Brie, una de las discípulas más reconocidas de Bert Hellinger, precursor de esta terapia alternativa.

A Marta, que repetía determinados patrones conductuales, le recomendaron que probara los beneficios de las constelaciones. Su atención difusa y su mala memoria, le hizo interpretar lo que le habían contado sobre las constelaciones familiares, como el que juega al teléfono escacharrado. Y así se lo transmitió a Ana María:

- Tú estás ahí en una habitación con un montón de gente que no conoces de nada, y ellos tampoco saben nada de tu vida. Entonces cada uno de ellos representa a los miembros más importantes de tu vida; yo que sé, a tus padres, al amor de tu vida, a tu abuela… Pues en función de cómo te comportas tú con ellos, ellos te responden. Por ejemplo, a lo mejor tú no has sido agresivo cuando te has dirigido a la que hace de tu madre, pero resulta que tu “madre” te responde a la defensiva; y esa tipa no tiene ni idea de por qué te responde así; simplemente su reacción es consecuencia de lo que tú le has dicho. Y lo curioso es que esa persona justo está actuando como solía hacerlo tu madre. Es flipante, porque te ayuda a entender cosas. Yo que sé, que a lo mejor resulta que el problema está en cómo dice uno las cosas de manera inconsciente y resulta que lo has estado haciendo mal toda tu vida. Joder, no sé, a mí me suena a juego de rol, es algo muy friki, pero chica ¿y si funciona? ¡Constelémonos!

Cuando se lo proponía, Marta podía ser muy convincente. La intensidad con la que lo vivía todo, y ese arte que tenía para adornar cada historia que contaba, convirtiéndolas en interesantes, hacían que para ella fuese fácil salirse con la suya muy a menudo. Además sabía que podía contar con Ana María para todo lo que estuviese relacionado con terapias alternativas sanadoras, por eso de la “solidaridad depresiva” de la que solía hablar, refiriéndose a los estados de tristeza que ambas habían compartido y que aún trataban de superar.

Descalzas, atravesaron el suelo enmoquetado de la sala para sentarse junto a Madame Brie. La gurú, que vestía de rosa de pies a cabeza, había solicitado que los nuevos se situaran a su lado. Al aproximarse, Marta se dio cuenta de que su miopía le había jugado una mala pasada: Madame Brie no tenía barba, sino una tremenda sombra amoratada que le cubría el bigote y la barbilla en forma de perilla.

- Antes que nada tengo que decir que vengo del dentista, por eso tengo la cara así – dijo Brie.
Marta se sintió decepcionada, porque lo de contarle a sus amigos que había ido a una terapia con la mujer barbuda, le habría dado mucho más juego en su dramatización acerca de su experiencia.

Una a una se fueron presentando las 25 personas que llenaban la sala. Dijeron su nombre y sus intenciones con respecto a ese taller, y todas coincidieron en que el fin era sanarse y compartir su bienestar. Ana María y Marta se miraron con complicidad, coincidiendo en que de momento, la cosa parecía pintar bien.

Sin más explicaciones dio comienzo la primera constelación, que se iba a realizar sin que estuviera el “constelado” presente. Brie eligió a una de las chicas para representarla, y ésta se colocó de pie a un lado de la sala. Después escogió a otro miembro para personificar a la muerte: era una mujer vestida de negro, con un aspecto muy siniestro, y de poder tener forma la muerte, sin duda sería algo muy similar a la imagen de aquella mujer. Eligió también a un representante de la tristeza, y entonces se incorporó una mujer ojerosa con cara de estar profundamente apenada.

- Desde luego si todo esto es un montaje, el responsable del casting se merece un Oscar – pensó Marta.

- Aquí hay un muerto… dos… tres… Veo varios muertos – anunció una Madame Brie con la mirada perdida.

Marta notó cómo se le erizaba el vello de los brazos, y observó cómo Ana María miraba con extrañeza a la terapeuta y hacía un barrido visual por la sala. Repitió su gesto por si acaso pudiera percibir a los muertos que supuestamente les acompañaban en ese lugar. Pero no consiguió ver nada.

De pronto empezaron a levantarse varias personas de manera espontánea. Se movían como por impulsos, en pequeños saltitos en los que primero levantaban los hombros bruscamente, para después desplazar el resto del cuerpo. Era como si una fuerza invisible les estuviera dando empujones desde atrás. Marta no pudo evitar pensar que parecían muertos vivientes. Algunos de ellos se tiraron al suelo personificando a los difuntos; otros se movían de manera errática por la sala en torno a los representantes de la muerte, la tristeza y del constelado, mirando siempre al infinito.

- ¡Fetos, por aquí hay varios fetos! – exclamaba la terapeuta.

Y como activados por control remoto, otros miembros del grupo se levantaron de sus sillas, avanzando como zombis por la moqueta para acabar descansando sobre ella en posición fetal.

- Disculpa – se dirigió Madame Brie a Marta -, ¿podrías colaborar y tumbarte junto a esos muertos de allí? Déjate llevar, haz lo que sienta tu cuerpo. Todos los movimientos han de ser pausados.

Sólo oír la frase tumbarse junto a esos muertos le hizo estremecerse, pero no fue capaz de negarse a participar. Se levantó de su silla e imitando los movimientos de los demás, empezó a avanzar dando saltitos hacia uno de los grupos de personas que permanecían tumbadas en el suelo; y poco a poco se fue agachando hasta disponerse junto a ellos. Entonces cerró los ojos y trató de concentrarse en su cuerpo tal y como le había recomendado la terapeuta. Sintió cómo el frío de la sala se hacía más intenso y al cabo de unos segundos, le pareció notar algo raro sobre su cabeza. Con inseguridad entreabrió los ojos, y descubrió cómo “la muerte” –que se había aproximado hasta ellos-, parecía nadar en un mar imaginario, moviendo rítmicamente los brazos sobre las cabezas de los que encarnaban a los ancestros fallecidos. Un escalofrío le recorrió la espalda y sintió deseos de incorporarse para así alejarse de “la muerte”, pero inexplicablemente no pudo más que extender una mano al aire. No podía dilucidar por qué ni a quién, pero Marta sintió que tenía que reclamar ayuda y permaneció un rato con el brazo elevado. Cuando las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos ante esa sensación incapacitante, la “tristeza” se arrodilló junto a Marta y al resto de los “difuntos” en señal de duelo. El silencio de la sala se rompió con los sollozos de varios asistentes, y mientras unos se abrazaban y consolaban, Marta decidió bajar el brazo y apretar fuertemente los ojos, deseando que aquella extraña situación cesara pronto como si todo fuese una pesadilla.

- Bien, vamos a dejarlo aquí – anunció Brie -. Esta persona vio cómo sus padres habían sido asesinados, y con estos movimientos sistémicos, hemos conseguido que supere su trauma y que todos se perdonen.

Todo aquello era demasiado surrealista, pero con tantas emociones concentradas en la sala, a Marta y Ana María les resultó difícil no conmoverse con lo que habían presenciado. Marta le mostró a su amiga la piel de gallina de sus brazos, y la persona que tenía a su derecha asintió con la cabeza y le confesó al oído que era el segundo taller de constelaciones al que asistía, pero que siempre había percibido exactamente lo mismo que ella estaba sintiendo. Aquella persona se levantó para protagonizar la siguiente constelación:

- Quiero constelar porque últimamente me siento paralizada. Me cuesta avanzar y no puedo acometer las cosas que me propongo en la vida.

Madame Brie escogió a nuevos representantes para la siguiente constelación, y una vez más se fueron incorporando a la misma, aquellas personas que sentían que también tenían que participar. Los “muertos” se dispusieron aleatoriamente en la sala, y el camino que tenía que recorrer la persona que constelaba para alcanzar a la que representaba a su “objetivo”, resultó una auténtica yincana.

- Qué obsesión tiene esta mujer con los muertos – le susurró Ana María a Marta.

Cuando la que había constelado volvió a su silla, Marta no pudo reprimir las ganas de preguntarle lo que había sentido, porque Brie no aportó ninguna explicación a lo que allí había ocurrido:

- ¿Es la segunda vez que vienes y ya te has decidido a constelar? – le dijo estupefacta - ¿Te ha servido?

- Bueno… es que han tardado 4 meses en darme cita. Así que si quieres hacerlo tú también ya puedes ir pidiendo una fecha. No nos permiten hablar de lo que sentimos en el mismo día, tenemos que dejar que la semilla que aquí se ha depositado crezca, y sentir los efectos, que se pueden desarrollar a lo largo de varios meses; sin interpretar nada de lo que hemos vivido hoy. Pero estoy segura de que me va a venir bien todo esto.

Las siguientes constelaciones fueron aún más bizarras. Había una mujer que quería constelar los abortos de sus antepasados y que lloró desconsoladamente al ver tantos fetos sobre el suelo. Un hombre quiso constelar su nacimiento por cesárea, y todos fueron testigos del supuesto parto que los representantes interpretaron con una teatralidad estremecedora. Madame Brie explicó que aquella era una constelación vital, puesto que la forma en la que veníamos al mundo influía mucho sobre nuestra personalidad, y en los partos por cesárea era necesario completar el ciclo vital del feto para conseguir que se desvinculase del todo de la madre. También dijo barbaridades como que una mujer era menos madre si no paría de forma natural. Al preguntarle a los participantes qué habían sentido, que pudiera ayudar y aportar algo al que constelaba, la que representó a la madre dijo que había percibido cómo su ánimo había fluctuado mucho de un extremo a otro. Brie argumentó que eso era porque la madre era bipolar, y cada vez que alguien planteaba nuevas preguntas o cuestionaba sus afirmaciones, ella les mandaba callar. Marta tuvo que morderse la lengua y contener sus ganas de protestar ante semejantes valoraciones.

Otra chica dijo que quería constelar por qué últimamente no podía evitar comerse todo lo que llegaba a sus manos, y Madame Brie explicó el por qué de su compulsión:

- Vienes de un país del este. Habéis pasado por una guerra mundial, y tus antepasados pasaron mucha hambre. Es normal que sientas que tienes que comer por ellos, pero aquí vas a encontrar la paz.

Una vez más, Madame Brie le pidió a Marta que colaborase para representar a la abuela de la que no podía parar de comer. Marta pensó que las abuelas suelen cebar y conceder todo tipo de caprichos a sus nietos, por eso en su representación, sintió que debía acercarse hasta la persona que representaba a la comida y abrazarla. Y así lo hizo.

En la última constelación, en la que un chico quería resolver por qué en su vida se quedaban las mujeres que en realidad no le gustaban y sin embargo a la que le convenía la dejaba marchar, Marta se incorporó de manera espontánea de su silla y decidió interactuar interpretando el papel de una de esas mujeres atractivas que probablemente obnubilaban el juicio de aquel joven, y en el momento en el que éste le tendió la mano a la que representaba a su madre, se giró para darle la espalda.

- Anda y vete con tu madre. – Pensó mientras se sentaba de nuevo en la silla.

Todas las constelaciones se desarrollaron de una manera similar; siempre participaban las mismas personas y en todas aparecían muertos por doquier, ya fuera en forma de feto o de adulto. La gente no hablaba, simplemente se movían de un extremo a otro de la sala parándose frente a los representantes. A todos les empujaba una mano invisible en sus avances. En los encuentros con los representantes unos lloraban, otros se abrazaban, muchos se arrodillaban pidiendo perdón; algunos incluso se retorcieron en el suelo, y más de uno parecía estar en trance. Pasados unos minutos de espectáculo, Madame Brie daba por concluida la constelación sin esclarecer qué es lo que había ocurrido ni por qué.

- Nena, me ha dado mucha pena verte ahí con todos ellos. ¿Por qué lo has hecho? ¿De verdad has sentido cosas? No quiero que vengas más a estos talleres, me parece que toda esta gente está muy necesitada, y yo creo que tus bloqueos se pueden resolver de otra manera – dijo Ana María impresionada.

- No te preocupes, he hecho un poco el paripé. Me apetecía dejarme llevar y enredar, comportarme como ellos para ver qué se siente. No me creo nada de esto; casualmente siempre salen los mismos a colaborar, y todos te sobiquean mucho. Me recuerda a la película “El Club de la Lucha”, cuando los protagonistas fingían dolencias y asistían a grupos de apoyo de esas supuestas enfermedades para poder imaginarse lo que es el dolor de verdad. ¿No te da la sensación de que estaban todos fatal? No sé de qué nos quejamos, tú y yo estamos más cuerdas que todos los que hay aquí dentro, incluida la mamarracha esta – afirmó Marta tajantemente.

Al despedirse, todos hicieron repaso de sus sensaciones, y coincidían en que se encontraban mucho mejor, más liberados; argumentaban que sentían el poder sanador de la constelación en síntomas como frío en manos y pies, y dolores localizados en la espalda o los hombros.

- ¿Y cómo no vais a sentir frío y dolor de todo si llevamos 4 horas sentados en unas incomodísimas sillas de madera, aquí hace un frío del carajo y encima nos han hecho estar descalzos todo este tiempo? – pensó Marta. – Yo me encuentro un poco confundida, y como pasada de revoluciones, muy excitada – dijo cuando le llegó su turno en la ronda.

Al llegar a casa estuvo investigando sobre las terapias de Constelaciones Familiares, y concluyó que no comulgaba con uno de los principales fundamentos:

– ¿De verdad mis problemas son consecuencia del pedo que se tiró mi tatara tatara tatara abuelo y que ofendió profundamente a su señora y por el que jamás pidió perdón? – se rió.

Sin embargo durante los siguientes días, Marta experimentó una energía renovadora, una alegría inusual como hacía meses que no sentía. Pensó que probablemente se encontraba mucho mejor desde que observó las constelaciones simplemente por comparativa: ser un tuerto en el país de los ciegos, siempre consuela. Aquellos eran todos locos. Cuando le explicó su experiencia a la persona que le había recomendado que acudiera a los talleres, su amiga le puso el ejemplo de las cremas anti-arrugas:

- ¿Cuánto hay de verdad en que son efectivas, y cuánto hay del hecho en sí de que te estás cuidando más y preocupando por tu piel, y deseas ver resultados? Lo importante no es la crema que te eches, sino el resultado. ¡Qué más da si te encuentras mejor a consecuencia de la constelación, o si es una casualidad! Mírate, ¿estás mejor, no?

Al evocar las imágenes de los participantes haciendo de "fetos", recordó que su madre le contó que antes de haber nacido ella, había tenido un aborto espontáneo de apenas unas semanas. También se acordó de que le solían decir que a su padre le hubiese gustado tener un niño en vez de otra niña; y a consecuencia de esto, durante muchos años Marta se imaginó que aquel bebé muerto era un varón, y pensó que de haber nacido él, probablemente Marta nunca habría existido.

- ¿Y si de verdad le tuviera que pedir perdón o darle las gracias a mi hermano muerto para encontrarme por fin bien? – pensó.





(Basado en hechos reales. ¡Ah, y enhorabuena si has llegado al final!)

viernes, 12 de abril de 2013

Rita y un hombre de verdad




Después de escribir la carta de una convaleciente, hubo varios amigos que me confesaron que en el momento de leerla se preocuparon creyendo que me había pasado algo grave o que de verdad había estado ingresada en el hospital. La reacción que más me sorprendió fue la de dos amigos que me dijeron que no les extrañaba que me hubiera dado el arrebato y me hubiese largado quién sabe a dónde y con quién a echar unas carreras. ¿Yo? ¿En serio que me veis yéndome de rally con un desconocido? – les dije.  Hija, cosas más raras te han pasado – contestaron.

Y tienen razón; que aparte de que soy un poco Drama Queen, admito que también me atrae lo rarito. De hecho, una persona muy sabia me dijo que tenía que asumir que ciertos episodios de mi vida son más retorcidos que un guión de Almodóvar. Seguramente no sea casualidad que hoy en día mi profesión esté relacionada con el mundo de la interpretación, que yo de pequeña ya le cantaba a mi madre lo de “mamá, quiero ser artista”, como Conchita Velasco.

Ella se reía, sin embargo me repetía que tenía que estudiar una carrera, dejarme de pájaros en la cabeza y aspirar a tener un trabajo estable y un sueldo fijo. Y sé que también le gustaría que ya hubiese encontrado a alguien con quien formar una familia para darle nietos.

Probé lo de la carrera y lo del trabajo convencional, pero tras cuatro años en la facultad y varios bandazos profesionales -pero exitosos para mi edad-, descubrí que lo estándar y rutinario no iba conmigo y me hice “artista”. En cuanto a lo de la pareja digamos que mi suerte y experiencia no es ni remotamente comparable a los logros que conseguí en mi vida laboral. Mi relación más larga (y tormentosa) apenas llegó a los tres años entre idas y venidas. Por eso digamos que soy una analfabeta de la convivencia en pareja, y aunque siempre me he aplicado mucho en la asignatura del amor, he tenido demasiados suspensos en mi vida. Esto de tener éxito en el amor para mí es una espinita clavada, aunque ahora mis heridas y mi soledad las vivo con cierta resignación y procuro buscar lo bueno de este estado, para conocerme y quererme más y mejor.

Conservo un grupo de amigos de la época del colegio con los que quedo a comer o a cenar al menos un par veces al año. En todo este tiempo desde que dejamos el cole, sólo he conseguido ir emparejada a dos de esos encuentros, porque la mayoría de las veces o estaba soltera o aquel que compartía sábanas conmigo de manera habitual, no quería pasar por el marrón de que otros le etiquetasen como novio oficial. ¡Uuuhh, PAREJA, qué miedo! Creo que a todos los hombres que pasaron por mi vida les daba alergia el ser algo más que un rollo, y desde luego no estaban dispuestos a asumir ciertos compromisos. Y la verdad es que soportar durante tanto tiempo las bromitas de mis amigos –los cuales me dan por imposible- al respecto de mi soltería, no ha sido siempre fácil. En los últimos años me lo he tomado con más humor, y suelo excusar a mi “novio imaginario” diciendo que está liadísimo y no puede acompañarme a nuestras reuniones semestrales. Como ya no cuela, les he jurado que cuando llegue a los 40 años, si mis circunstancias siguen siendo las mismas, me casaré con otra amiga que está igual que yo, por darles la alegría de poder asistir a nuestra boda y que nos dejen en paz… pero básicamente el pacto lo hemos hecho por poder disfrutar de más días libres en el trabajo por matrimonio y cogernos unas vacaciones que te cagas. ¡Anda que no!

Se aproxima una de estas reuniones y aún me faltan unos años para los 40. Después de ver “Lars y una chica de verdad”, le comenté a mi mejor amigo (uno de los que me visualizaron como Penélope Glamour conduciendo un descapotable y que creyó que había tenido un accidente tras leer “Carta de una convaleciente”) que estaba pensando en llevar un muñeco de tamaño real y presentarlo como mi novio. Y le pareció una idea estupenda, y sobre todo muy acorde con mi estado mental estilo de vida. Él me quiere, pero me dice que de mayor me ve como una mujer loca, vieja y arrugada, con canas, todo el día en bata, y rodeada de 50 perros. Y soltera, claro. Y yo le contesto que sólo me faltan 49 canes para llegar a ser lo que él se imagina (de coña, supongo) que me depara el destino.



“Lars y una chica de verdad” es una película tierna a más no poder; una preciosa fábula sobre los sentimientos, una alegoría sobre la soledad, las relaciones y la relatividad de lo que se considera verdadero.

SINOPSIS:Lars (Ryan Gosling), un joven enormemente tímido y dulce que vive en una pequeña localidad junto a su hermano (Paul Schneider) y su cuñada (Emily Mortimer), lleva por fin a casa a Bianca, la chica de sus sueños. El problema es que Bianca es una muñeca que encargó por Internet, aunque Lars la trata como si fuera una persona real. Alentados por una doctora (Patricia Clarkson), y en un esfuerzo por comprenderle, su familia decide seguir con la fantasía de Lars, de la que pronto acabará participando todo el pueblo. 

AVISO QUE A PARTIR DE AQUÍ HAY SPOILERS DE LA PELÍCULA, POR SI AÚN NO LA HAS VISTO (YO TE LA RECOMIENDO)

Lars rechaza a los demás y vive prácticamente asilado, pero todo esto cambia cuando conoce a Bianca, una preciosa misionera mitad-danesa, mitad-brasileña, que se encuentra de año sabático viajando por el mundo. En cuanto Bianca llega al pueblo, Lars decide presentársela a su hermano Gus y a la mujer de éste, Karin. Para el espanto del matrimonio, Bianca resulta ser una Real Doll, una muñeca de tamaño real hecha por encargo y comprada por internet. Sin embargo a los ojos de Lars, Bianca es una chica creyente que fue criada por unas monjas, que depende de una silla de ruedas, de carácter tímido y bastante recatada.

Karin y Gus deciden hacer frente a la situación contactando a la doctora Dagmar Berman -que además es psicóloga-, la cual les sugiere que convenzan a Lars para que traiga a Bianca a su consulta, con la excusa de poder prevenir cualquier trastorno que pudiera tener la extranjera debido al repentino cambio de clima. Mientras Bianca reposa en una camilla “haciéndose varios chequeos”, Lars sin saberlo, comienza su terapia con Dagmar. Lars sufre de un delirio como consecuencia de sus carencias afectivas, y para ayudarle a superar su crisis, todos deberán colaborar; por lo que la doctora le recomienda a Gus y Karin que procuren seguirle el juego.

En poco tiempo, Bianca se convierte en una parroquiana más de la iglesia del pueblo, y no sólo va a misa, sino que hace de modelo en el escaparate de una tienda, trabaja de voluntaria en el hospital “leyendo” audiolibros a los niños enfermos, y empieza a acompañar a Lars a los primeros acontecimientos sociales en los que éste se decide a participar.

Bianca en realidad es una proyección de la propia personalidad de Lars, y la muñeca le ayuda a abrirse y a expresarse con los demás. En realidad ella no le hace compañía a Lars, pero sin embargo consigue que el resto del pueblo sí se la haga. El resultado es que el hecho de tener novia -aunque sea de silicona-, a Lars le permite participar en la sociedad tal y como siempre ha deseado. Y todo gracias a la inestimable ayuda del pueblo, que no duda en participar en el delirio de Lars integrando a Bianca en su comunidad. 

Es una situación muy cómica y a la vez muy dramática, pero que es tratada con mucha naturalidad, como si Bianca fuera una mujer de verdad y Lars no estuviese loco.

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Y digo yo, que ya que mis amigos me quieren tanto y que algunos de ellos me dan por trastornada, podría pasar como en la película: estoy segura de que acabarían normalizando la situación si me vieran aparecer con un muñeco de tamaño natural en cualquier evento. ¡Porque yo lo valgo! Así dejarían de torturarme con la misma murga de siempre, porque el muñeco no se me iba a hacer el remolón ante ninguna comida/cena de compromiso entre amigos, que te lo digo yo, ¡hombre! La pena es que por más que busco en internet, me temo que los muñecos no los pueden hacer con la barba que tanto me gusta.

Esto es lo más decente que he encontrado:

Ola k ase, xica wapa



REFERENCIAS: