martes, 3 de junio de 2014

To shit yourself or not to shit yourself (that's the question)


Las redes sociales, además de la mensajería instantánea, se han convertido en las principales herramientas de comunicación mediante las cuales podemos interactuar con otros sin que importen las barreras físicas de por medio. Si antes se tachaba de frikis a sus usuarios, hoy lo raro es no tener un perfil en al menos una de las múltiples plataformas sociales existentes.

Aunque el oligopolio de las redes sociales lo tienen Facebook y Twitter, buceando por internet he descubierto que hay vida más allá del “me gusta” y de los “trending topics”. Si eres un cerebrito, si tienes una mascota, si te apasiona tricotar, si coleccionas cosas raras, si quieres relacionarte exclusivamente con barbudos, e incluso si quieres aumentarte las tetas y buscas a alguien que te financie la operación, existe un rincón virtual para ti con millones de usuarios esperándote.

Las redes sociales son auténticas minas de información personal, donde el usuario medio tiene visible en su perfil su nombre, fecha de nacimiento, la ciudad en la que vive, el estado civil y alguna foto de sí mismo. Otros sin embargo van más allá y regalan a quien quiera leerlo, todo un rosario de detalles de su vida íntima. Así, hay gente que se atreve a publicar con qué regularidad va al baño, que cuenta cómo es la camisa de flores que va a estrenar el lunes en la oficina, o que nos deleita con el tupper que le ha preparado su parienta; usuarios que muestran fotos de su aparentemente agitada vida social (borracheras incluidas) o de su más tierna infancia cuando llevaba gafas de culo de vaso, aparato, o el pelo cortado “a tazón”; personas que despotrican alegremente sobre el hijoputismo que practica su jefe o que se defecan virtualmente sobre la clase política sin tapujos. Los detalles escabrosos de otros que antes podías tardar años en descubrir, ahora los tienes disponibles en tan sólo un par de minutos a golpe de clic.

Parece ser que el hecho de no tener a nadie delante físicamente cuando compartimos ciertos aspectos de nuestra vida en las redes, nos hace ser más desinhibidos, sentirnos casi invisibles, cuando en realidad lo que publicamos podrá ser visto potencialmente por mucha gente. Lo más grave del asunto es que así como las palabras se las lleva el viento, nuestros comentarios e imágenes, no se los lleva el Wifi, y mucha de esa información quedará ahí para la posteridad.

Quién no ha sucumbido a la tentación de fotografiar la triste tostada que desayuna cada día para colgarla en Instagram; eso sí, le habrá aplicado un filtro vintage, que hará que la tostada luzca deliciosa. Quién no  se ha sentido inspirado alguna vez, y se las ha visto y deseado intentando reducir a 140 caracteres un pensamiento ingenioso para poder publicarlo en Twitter. O quién no ha querido gritar a los cuatro vientos que por fin ha cambiado su estado sentimental y ha decidido dar la noticia en Facebook.

Aquello que publicamos da información sobre nuestros gustos, hábitos, opiniones políticas y religiosas, conocimientos, nuestras alegrías, nuestras penas, nuestras debilidades… Eso sí, elegimos lo que queremos contar, y la mayoría solemos mostrar lo mejor de nosotros mismos, empezando por la foto de nuestro perfil.

Curiosamente a las personas que comparten poco o nada de su vida en las redes sociales, no se las considera discretas, prudentes o sensatas, sino simplemente aburridas, y hoy en día parece que no tener una cuenta en una red social, es no estar en este mundo. Resulta que ser introspectivo no mola, porque la proliferación de todas estas plataformas ha conseguido que creamos que la gente se define por los aspectos de intimidad que muestra a los otros a través de la pantalla del ordenador. La intimidad es tan importante para definir lo que somos, que hay que mostrarla, y ya no hace falta haber hecho algo extraordinario o ser una celebridad para tener derecho a exponer públicamente la propia voz e imagen: toda experiencia resulta valiosa e interesante, aunque sea banal o se cuente trivialmente, como en los reality-shows del estilo Gran Hermano.

Admitámoslo: nos gusta más un cotilleo que al rellano de un portal, porque con el chismorreo se liberan muchas frustraciones. Compartir secretos mundanos con los demás, nos afianza en nuestras relaciones y nos acerca al otro, saciando así esa necesidad que tenemos de vivir conectados con “el mundo” continuamente. Nos encanta exhibir nuestros conocimientos y logros, pero más aún conseguir desviar la atención de los demás sobre nuestras carencias, al fijarnos y sacar a relucir las de otros. Nos gusta poder comparar nuestras vidas con las de los demás, sobre todo si resultamos ganadores.

He leído recientemente un artículo sobre “los 13 tipos de usuarios de Facebook más odiosos”, y creo que soy la número 7, Crípticos: Nadie entiende un bledo lo que postea. Sus actualizaciones de estado suelen componerse de una mezcla de frases de canciones, palabras aleatorias y expresiones en inglés de gramática dudosa. Busca proyectar una imagen enigmática pero no se da cuenta de que, si no estás en su cabeza, su manera de actuar resulta un tanto absurda.

Esa soy yo, ¿pasa algo? Yo sé lo que me digo y por qué lo digo, y muchas veces sólo los interfectos entenderán mis actualizaciones. Otras veces escribo alto y claro, expresando mi opinión sobre  aquellos acontecimientos que me impactan. Y bueno, como mi Facebook y mi Twitter son eso, míos, publico en ellos lo que me da la gana -desde el respeto y de manera responsable- y a quien no le guste, que no mire. Así debiera ser, ¿no?

Pues no: ahora resulta que los políticos pretenden regular las redes sociales y a tomar por culo la libertad de expresión. Ejem…

El señor Enrique Dans, considerado como una de las voces más autorizadas del país en cuestiones de Sistemas de Información, ha escrito un artículo, expresando justo lo que pienso al respecto de esta medida dictatorial, y como le ha quedado muy bonito, copio sus palabras tal cual:

<<La idea de “regular las redes sociales” entronca con una vieja pretensión de la política española reciente: la de “poner bajo control” un medio cuya dinámica se les escapa. Los precedentes que evidencian un papel importante de las redes sociales en la llamada primavera árabe, provocan un miedo general en toda la clase política de todos los países que creen ver aparecer tentativas insurgentes en todo movimiento de protesta que surja apoyado desde la red (…)

Si alguien, al pasar por la calle, nos espeta una barbaridad como algunas de las que se han podido ver o leer recientemente, pensaremos muchas cosas: que es impresentable, maleducado, que tiene un gusto pésimo, una inexistente sensibilidad, o directamente que es despreciable. Intentaremos evitar a esa persona, no compartir nada con ella, considerarla inadaptada para la vida en sociedad… pero salvo que efectivamente haya injuriado, difamado o hecho apología del delito, ahí se quedará la cosa. Si es delito, es delito, y no necesitamos leyes nuevas para definirlo. Si no lo es, si se trata de mala educación, mal gusto o estupidez congénita, tener al ministro de turno respirándonos en la nuca y amenazando con actuar de oficio mientras gruñe que “nos va a regular” no es un clima deseable para un país supuestamente libre.
Es fundamental que dejemos de considerar la red como un lugar o un fenómeno distinto al resto. Que nos olvidemos de llamar “internautas” a los que usan internet, como no llamamos “callenautas” a los que andan por la calle, ni “periodiqueros” a los que leen un periódico. Son, simplemente, personas, ciudadanos normales. En un país en el que el 80% de los ciudadanos utilizan la red regularmente, pretender que los que la usan son diferentes al resto o merecen una regulación especial es sencillamente absurdo, anacrónico.
Las reglas ya están hechas, y se aplican igual a lo que ocurre en la red y fuera de ella. No, no hay nada que regular. Salvo el sentido común del que pretende regularlo y controlarlo todo.>> 

¿Qué es lo siguiente, una figura que venga a arrearnos una colleja cuando estemos en la barra del bar comentando la actualidad para adoctrinarnos? ¿Pero de verdad quieren hacernos creer que las redes sociales son una fuente de expresiones que incentivan el odio, la intolerancia, y que ponen en riesgo la vida de las personas y que por eso hay que censurarlas controlarlas? Por supuesto que no justifico las amenazas de muerte o el celebrar el asesinato de una persona en nombre de la libertad de expresión, que gilipollas hay en todas partes, pero qué quieres que te diga: es que igual que envidio al que cuenta en Facebook que caga cinco veces al día, y no me da por tomarme laxantes para alcanzarle en número de deposiciones diarias, si leo “más tiros en la cabeza delos PPeros”, no me siento incentivada a coger un arma y volarle los sesos a un político. Aquí huele a miedo, y yo no he sido.

El odio hacia los políticos que se respira en las redes y que tanto les irrita, no es más que el reflejo de los aires que recorren nuestro país, y es un aroma hediondo que ellos mismos han provocado. A ellos por cierto habría que recordarles que “somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras”, porque si esto va de “ir a la profe porque me han llamado tonto”, tengo que decir que ellos empezaron primero, así que a la hora de imponer castigos, a ver si la justicia funciona igual de bien para todos. Sería más inteligente que se preocupasen de acabar con los corruptos, de no reírse de los desahuciados y parados, de dejar de recortarnos derechos y de no bloquear la justicia en beneficio propio, que empeñarse en ponerle puertas al campo regulando lo que nos pasa por la cabeza y que nos nos sale de ahí mismo compartir. ¡Si es que estamos pensando y hablando por encima de nuestras posibilidades!

En fin, que creo que a partir de ahora todo lo que escriba lo haré en inglés, porque así no me pillan fijo. Shit yourself, little parrot, and a relaxing café con leche in Plaza Mayor!







martes, 20 de mayo de 2014

Lunes


El pluriempleo, la operación de mi madre y tener que ejercer de su enfermera, o el último desengaño, estaban empezando a pasarme factura, física y emocionalmente. Y de esto que te tomas unas vacaciones para desconectar, y cuando vuelves no sabes cómo volver a enchufarte ni consigues engancharte a nada. Y todo te da un poco igual. Ni ni .

Sirva este post como ejercicio auto-impuesto para ver si soy capaz de hilar más de una frase con cierta coherencia, antes de que salga moho por aquí o me chapen por falta de actividad; pero no deberíais tener demasiado en cuenta esta entrada, no. Se me pasó por la cabeza incluso asomarme por el blog y decir: “Eh, que sigo aquí, que estoy viva, solo que no me brota nada de las teclas”, pero no me apetecía publicar un post de relleno, aunque esta entrada lo sea un poco.

La cosa es que plantearme, me planteo muchas cosas, pero no me sale desarrollarlas. Cosas importantes, pero sobre todo tonterías; como si alguien se preguntará dónde me meto o si se les ha pasado por la cabeza que quizá me quedé en la operación retorno –porque dije que me iba- y jamás regresé. Un pensamiento un poco macabro, lo sé.

Pero me entró algo así como pánico escénico, si es que se puede tener algo de eso por aquí, y no he sido capaz de abrir esta página ni la de ningún otro blog hasta ahora. Si conocierais las consecuencias que trajo el que alguien que no debía llegase hasta aquí, seguramente me entenderíais mejor…

El caso, que sí, que yo he meditado muchas veces sobre la vida después de la muerte; sobre la vida de los otros más bien, después de mi muerte. Y qué dirán, y quién irá a mi entierro, y quién llorará más, o si me sorprendería el dolor de alguien que jamás habría imaginado que pudiera sentir mi pérdida. Y qué pasaría con este blog. 

No sé si será casualidad el hecho de que mi sobrina pequeña, esa que dicen que tanto se parece a mí (sobre todo en lo que a su carácter se refiere), tuviera una pesadilla hace días de la que despertó llorando preguntándole a su madre “si cuando te morías, te morías sólo”, y entre lágrimas mi sobrina dijo que ella no se quería morir sola.

Sola. Sola. Sola…

Me ha costado unos cuantos años asumir y aceptar mi condición de soltera, de estar sola. Aprender a ser medianamente feliz sin tener una pareja con quien compartir el día a día. Que sí, que todos tenemos amigos y familia y estar soltero “teóricamente” no significa estar solo, pero cuando acaba el día, sí estás sola, con todos tus pensamientos. Y no me preocupaba nada de esto hasta que me ha dado por pensar en mi muerte, y en el paso previo por la vejez. 

Supongo que este peculiar run-run tiene bastante que ver con el hecho de haber estado cuidando a mi madre. Me acuerdo de mi abuela, que en su última noche, sentía vergüenza porque yo tuviera que limpiarle el culo. “Abuela, anda que no me habrás limpiado el culo a mí de pequeña, ahora me toca a mí, ley de vida” – le decía yo. “Pasar por estas miserias no tendría que ser ley de vida” – se quejaba ella.

Un amigo me preguntaba si no me sentía violenta por tener que hacer algo así, que a él le cortaría verles a sus padres sus partes pudientes y tener que meter la mano ahí. Lo cierto es que a mí no me ha incomodado en absoluto; creo que seguramente para mi madre ha debido ser todo esto más molesto que para mí. Esa no debiera ser quizá ley de vida, pero qué afortunados son los que pueden tener a alguien tan cercano y que les quiere para cuidarlos cuando no pueden valerse por sí mismos. ¿Y qué pasará si para entonces yo sigo sola?

He llegado a la conclusión de que no quiero llegar a la vejez sola. Ya no me preocupa tanto qué pensarán los demás cuando me muera; creo que ponerle remedio al asunto de la soledad, es mucho más importante. "O te casas con quien sea, o tienes un hijo al que harás tu esclavo, o amaestras a 40 gatitos para que sean capaz de cuidarte" - he pensado.

Mi madre me ha sugerido que mejor me vaya camelando a mi sobrina, y me ha dado algunos trucos de abuela para ganármela. Pero yo me he negado en rotundo: si me tiene que querer, que me quiera tal cual soy, sin estrategias.

Y por eso estoy soltera. Y por eso acabaré sola. Y bueno… 

A mis 38 años me doy cuenta de que a pocas cosas puedo comprometerme; cada vez menos. Ni si quiera a este blog, que tengo tan abandonado. 

Iré paso a paso. Me voy a poner a dieta de pensamientos negativos, de personas destructivas, de lo que me quita la sonrisa o lo que perturba mi sueño. Y he empezado hoy que es lunes. Luego ya veremos.



No quisiera prometer nada, pero este podría ser un nuevo comienzo.

(Ya falta menos para que llegue el 16 de julio ¿no?)

lunes, 14 de abril de 2014

Domingo de Nabos


El otro día leí que la Delegación del Gobierno ha prohibido por cuarta vez consecutiva, la celebración de la denominada “Marcha Atea” (más conocida popularmente como la “Procesión Atea” a pesar de la incongruencia de su nombre) que – convocada por la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores y por una asociación vecinal -, pretendía discurrir en Jueves Santo por las calles de Lavapiés con el fin de “sensibilizar a la población sobre el derecho constitucional de libertad de manifestación, libertad de expresión y la obligatoriedad de que las instituciones protejan la aconfesionalidad del Estado”, exigiendo de paso que se devuelva a los ciudadanos la Mezquita de Córdoba. 

Y vi que había gente que se indignaba ante la negativa del Gobierno a permitir una marcha “tan graciosa e inofensiva”, “un simple acto lúdico reivindicativo”, porque la prohibición evidenciaba el doble rasero que política y justicia aplican sobre las libertades de la sociedad española, así como el poder que aún ejerce la Iglesia en nuestro país; mientras que para otros resultaba una terrible ofensa, un delito contra los fieles. Y una persona comentaba sabiamente: “Móntate una manifestación atea en Afganistán, y a ser posible durante el Ramadán, ¿a que no hay huevos?”. Y pienso que el tipo tiene más razón que un santo, que mira que soy atea, pero lo de estas asociaciones son ganas de tocar los huevos… de Pascua. 

Todo el mundo debería poder tener el derecho de expresar cuáles son sus creencias libremente, sin verse limitado porque alguien pudiera sentirse ofendido ante dichas creencias; e incluso deberíamos tener derecho de burlarnos o de criticar a los que piensan distinto si nos diera la gana. Pero resulta que – nos guste o no - ofender la sensibilidad o creencia religiosa de alguien, utilizando mofas, insultos, burlas, etc., está tipificado como delito en el Código Penal. Y además me pregunto yo que dónde queda el respeto. ¿Acaso estas asociaciones no pueden esperarse a otra época del año para expresarse? Parece algo así como culo veo-culo quiero, y si me quiero manifestar en Jueves Santo, por mis cojones lo hago, que yo también tengo mi derecho a hacerlo ese día.

Que sí, que puedo entender que haya a quien le pueda resultar terrible y chirriante soportar una Semana Santa con la señora que llora emocionada ante el Paso de su Cristo, la otra con la mirada bizca de éxtasis que no sabes si es que le va a dar algo, el de la saeta que no acaba de arrancarse y que se queda media hora en el “ay ay ay”, y así; el que se fustiga de motu propio, el mocetón que lleva todo el año preparándose para el solemne momento de arrastrar la cruz de tropecientos kilos, descalzo, y cuanto más sufra mejor. Las peinetas, las mantillas y el olor a naftalina; la gitana que te tima con el ramo de olivo y ni te cuento lo que te sablea por las palmas esas que luego no sabes dónde ponerlas. Y qué decir de los capirotes, el terror de muchos niños (que yo de pequeña creí que eran los del Ku Klux Klan). Y ahora los miro y pienso que teniendo en cuenta la legislación en vigor, la cual prohíbe manifestarse con los rostros cubiertos, pudieran estar cometiendo un flagrante delito que no sé por qué me suena mucho. Claro, que los católicos no son ni anarquistas, ni antisistema, ni radicales, ni perroflautas; aunque de sus filas hayan salido pederastas, ladrones, políticos embusteros o dictadores asesinos… Bueno, sí, entiendo que haya a quien le pueda joder un poco la Semana Santa y se plantee tocar un poco las narices en estas fechas, pero ¡un poquito de por favor!

Es que en Sevilla, la Confederación General de Trabajadores protestó con una procesión en la que sacaron a la calle al “Coño Insumiso” vestido de Virgen, y un ataúd donde se hallaban los derechos sociales y laborales de los trabajadores, obra pensada por la Anarcofradía del Santísimo Coño Insumiso y el Santo Entierro de los Derechos Sociolaborales. Así, con un par. Y en Málaga en 2013 en la procesión del “Santísimo Coño Insumiso”, llevaron a hombros al “Santísimo Chumino Rebelde” desde la plaza de la Constitución hasta la Catedral de Málaga, para leer eso sí, un manifiesto contra la reforma del aborto, la violencia machista y la “segregación sexual en los colegios”. Y me río por lo bajini, porque hay que reconocer que los nombres de las cofradías tienen su gracia, pero me parece un poquito heavy y ganas de joder la marrana. 

Para quien no comulgue con este rollo, escapar del espectáculo católico es prácticamente imposible. Pero hay que tener en cuenta que la Semana Santa abarca mucho más que un acto religioso; también refleja arte, tradiciones antropológicas, días de descanso, de ponerte ciego a torrijas, de reuniones familiares, de escapadas con amigos, de dormir la siesta con el run-run de las películas de siempre de romanos… Dejemos la fiesta en paz entonces, ¿no? ¿No sería mejor organizar si acaso una Anti-Semana Santa en junio, por ejemplo, y así tenemos más días de esparcimiento? ¿Para qué aglutinar entonces todo ahora, hombreeee yaaa?


Ay sí, la Semana Santa. Y poder escaparte a la playa. Y maldecir el santoral completo porque la semana previa siempre hace un tiempo estupendo y ya te ves volviendo a Madrid habiendo cambiado tu blanco nuclear por un rosa cerdito muy poco favorecedor, pero que es una prueba irrefutable de que pudiste aposentar tu culo en la arena de la playa (y de que te torraste). El día que llegas a tu destino junto al mar, empieza a levantarse la brumilla, y miras al cielo buscando las estrellas y ves tres o cuatro y piensas que escampará. A la mañana siguiente te pones emocionada el bikini, subes la persiana y está todo nublado. - ¡Esto despeja, esto despeja, vamos a coger sitio en la playa! Y el cielo cada vez se pone más negro. Te vas al chiriguito un rato, te tomas una cervecita y a modo brunch te metes entre pecho y espalda, una hamburguesaza grasienta porque no has desayunado. Entonces empiezan a caer las primeras gotas de lluvia, y piensas que igual es un castigo divino, porque quizá deberías estar en el pueblo flagelándote y de penitencia que es lo que toca, y no intentando tentar a un Don Lorenzo tímido con tu cuerpo serrano. Para colmo caes en la cuenta de has comido carne. ¡Ahhh, pecadoraaaaa! Y te entra así como cargo de  conciencia, aún siendo atea. A ver si va a estar Dios llorando la muerte de su hijo y tú ahí haciendo el mal.

A todo esto, en el impasse este de si se nublaba o salía el sol, no te echaste crema confiada de que no picaba, pero te quemaste como si fueras una guiri, quedándote eso sí la marca del tirante mal puesto, de las gafas de sol, de la coleta, y de las chanclas, dándote un aspecto de lo más anti-mórbido. ¡Oh, sí! Así que te pasas las vacaciones bajo agua (pero no al remojo de la mar salada como tú esperabas), sufriendo por las quemaduras, y al final, resulta que la penitencia la acabas haciendo tú también irremediablemente, pero a tu manera. 

Sí, la lluvia y la interrupción de las procesiones por culpa de esta, son también tradición. Mi madre dice que lo del mal tiempo es por la influencia de la luna, y siento llevarle la contraria, pero dicen los meteorólogos que no tiene nada que ver, porque no hay argumentación científica a la creencia de que la luna llena atraiga las lluvias (que digo yo además que hay luna llena cada 28 días y no llueve tan a menudo); y lo achacan a la inestabilidad propia de la primavera. Pero el caso es que en otras épocas del año son capaces de darte previsiones a 15 días vista, pero en Semana Santa los meteorólogos “no se mojan” hasta un par de días antes, y dicen que sí, que todo puede ser, que seguro que hace bueno; si acaso un chaparroncillo, pero lo normal por estas fechas. Pero siempre acaba haciendo un tiempo de mierda los días de fiesta. Hay quien dice que lo de que nos vendan que hará buen tiempo, es un complot del Gobierno para no ahuyentar a los turistas. Yo ya me lo creo todo. ZP seguro que está en el ajo también, el pobre. El caso, que yo no recuerdo una buena Semana Santa desde hace mucho tiempo. A ver a ver…

Ya me gustaría a mí creer en una deidad que pudiera reconfortarme; además no me gustan las aglomeraciones, y algunas procesiones me siguen dando repeluco. Pero creo que burlarse de la Semana Santa en Semana Santa, es una patochada.

Lo que sí que tiene que ser divertido es una procesión como el “Kanamara Matsuri” (literalmente “festival del falo de metal”), que se celebra a principios de abril en la ciudad japonesa de Kawasaki. Sacan en procesión tres cimbreles: el primero es un pene negro reluciente, encasquetado dentro de un barco de madera. El segundo es una polla rosa modelo “achampiñoná”, quizá más realista que el cipote negro. La última es una verga de madera, de complexión más bien gorda y corta, modelo "yema esparraguina". La procesión “sirve para todo” y a ella acuden tanto chicas que buscan novio, parejas de recién casados, hombres de negocios que desean prosperidad para sus empresas, o turistas de todo el mundo. Y allí se montan la romería con todo un merchandising fálico. Japonesas vestidas de sacerdotisas sosteniendo un falo enorme, desfiles de penes gigantes en carrozas como si fuera el Orgullo Gay, niños divirtiéndose en columpios con forma de trancas descomunales, y ¡todo el mundo chupando símiles de miembros viriles: caramelos, salchichas, helados! Su Domingo de Ramos deben conocerlo como el Domingo de Nabos. ¡Y que viva la Pepa!

En fin. Como atea medianamente inteligente, voy a aprovechar mis merecidísimos días de descanso, saliendo de Madrid y desconectando de todo y de todos, que falta me hace. A cargar las pilas, que el pluriempleo y los últimos acontecimientos me estaban empezando a pasar factura, y que sea "lo que Dios quiera". ¡Nos leemos a la vuelta!

lunes, 31 de marzo de 2014

And the winner is...



Bueno, pues el jurado de los “Premios 20Blogs” ya ha deliberado (que me pregunto cómo lo habrá hecho para leerse más de 6000 blogs, ejem, ejem) y tristemente - pero por otro lado como cabía de esperar-, este blog no está entre los finalistas escogidos.

Aprovecho la ocasión para agradecer a las 28 personas que superaron con éxito la gincana de registrarse, buscar mi blog y votarlo, porque no era moco de pavo conseguirlo y no morir en el intento o la desesperación. Entre esas personas me encuentro yo misma, pero aclararé que es porque tuve que registrar a mi madre, ya que es una negada con las tecnologías y de mi se fía (y se quedó tranquila cuando le dije que "blogs preferidos" nada tenía que ver con las preferentes), y a mi sobrino de un año; que aquí tampoco hubo trampa ni coacción alguna, porque estoy segura de que los sonidos guturales que emitió ante la pregunta "¿Te parece bien que te registre con el email de la empresa de tu padre?", significaban que vale, que me daba mi voto.

Apesadumbrada me hallo no obstante, que ya estaba yo preparando mi discurso por si me otorgaban el premio y rompiéndome el cerebro con los agradecimientos, pensando modelito que ponerme y pidiendo cita para ir a teñirme las canas, cagándome por la idea de tener que empezar de nuevo el ayuno con la nazi-dieta del sirope de savia de arce - porque a estas cosas hay que ir divina -, y habiendo decidido que mi acompañante sería mi perro; vestido con frac, eso sí, que da como mucho glamour luego en el photocall. Habría colgado aquí un selfie seguro, que ahora se lleva. (Auto-foto, ¡coño!).

Pero me he dicho: mira que eres boba, Rita, si te otorgaron hace tiempo tu segundo Liebster Award y no le has hecho ni caso, que eres una desconsiderada. Que te debes a tus fans, y éste te lo otorgó uno de ellos; Pilar, de Abalorios, que ahora ha decidido tomarse un descanso, pero a la que esperamos los que la seguimos con muchas ganas de leer de nuevo su crítica a la política de nuestro desgobierno, y a la que os invito a seguir.

Ains, cómo soy, es que la fama me ciega, y el “efecto blogger” últimamente me tiene anonadada. No sé si me alucina más que me esté leyendo mi familia, un chino, otro de la Selva Negra como dicen las estadísticas, exs, igual hasta las exs de los exs, gente que ha inspirado alguna de mis entradas sin ellos saberlo, o que alguien me llegue a recomendar mi propio blog sin saber que soy yo la que lo escribe. Todo puede pasar.



Vaya por delante que seré una peasso de procastinadora, pero también una mujer de palabra, y a Pilar se la di cuando pensó en mí como merecedora de este premio. Y es que el premio tiene truco, y consiste en contestar a unas preguntas encadenadas, para así darnos a conocer a nuestros lectores. Mi “mentora” en cambio quiso darle la vuelta al reto y nos pidió a los nominados que nos definiéramos en 11 palabras en vez de responder a esas preguntas. Así que como interés por el retraso en escribir esta entrada, querida Pilar, te pagaré no sólo con esa definición (ups, que no veas si me ha costado), sino también respondiendo a las preguntas originales.

C’EST MOI: intensa, sensible, tierna, borde, sincera, con carácter, cabezota (a veces), organizada, generosa, dialogante, obsesiva (me estoy quitando).

LA ENTREVISTA:
  
¿Qué le dirías a Rajoy si pudieras entrevistarte con él por 10 minutos?

Diez minutos son pocos para cantarle las cuarenta y demasiado tiempo para él sin un guión ni una pantalla de plasma de por medio. No me extrañaría que saliese huyendo y no tuviera lugar tal entrevista; es a lo que nos ha acostumbrado. De hecho me repugna tanto que casi sería mejor que no hubiera un cara a cara, no sea que la idiotez sea contagiosa.


¿Eres más "animal diurno" o "animal nocturno"?

Depende de para qué: a la hora de escribir, la musa me suele visitar de noche, especialmente cuando estoy en la cama intentando conciliar el sueño. Será porque procuro ordenar las ideas y hacer examen de conciencia cuando me voy a la cama. Para todo lo demás, diurno, y para más detalles, diré que antes de la hora de comer. Después me entra una pachorra que no hay quien me mueva ni me saque de mi cueva.

¿Último libro que has leído?

Desde hace tiempo necesito mucha concentración y silencio para leer. Así que tengo empezados tres: “Juego de Tronos: Canción de Hielo y Fuego” de George Martin, “El albergue de las mujeres tristes” de Marcela Serrano, y “El contenido del silencio” de Lucía Etxebarría, pero creo que voy a abandonar los tres por coñazos (y porque llevo más de un año sin ganas de continuarlos y perdiendo constantemente el hilo) y voy a empezar con “El libro de las ilusiones” de Paul Auster que me trajeron los Reyes Magos. Tengo que decir que me pesa muchísimo ser una pésima y vaga lectora. Pero al menos he leído más que Tamara.

¿Eres de l@s personas que bailan con solo oír un pito?

Sólo en la intimidad o a consecuencia de una buena tajá; pero entre nosotros: bailo que te cagas, sobre todo el estilo “zorra”, solo que me da vergüenza hacerlo estando sobria.

¿Cuál es el alimento, plato o comida que por mucho que has intentado no has conseguido tragar un minúsculo trozo?

Lo he intentado infinidad de veces con la familia de los gomosos. A saber: sepia, calamares, chipirones, pulpo, mejillones… Es cuestión de la textura, los he comido, pero no me gustan y si puedo los envolveré delicadamente en la servilleta en un descuido de los comensales. Eso sí; no pienso hacer el esfuerzo de probar las ostras, la casquería o los insectos.

¿Qué serie prefieres: "Amar en tiempos revueltos" o "Big Bang Theory"?

No he visto ni una ni otra, pero si me obligan a elegir, apuesto por la segunda seguro.

¿Cuál es la que consideras mejor experiencia de tu vida?

No sabría quedarme con una sola. Si algo tiene de bueno el ser demasiado sensible, es que todo se vive con más intensidad, tanto lo bueno como lo malo. Escojo sobre todo experiencias vividas en conciertos, el nacimiento de mis sobrinos y “notar” que me quieren, la paz que sentí al estar junto a mi abuela el día que murió por todo lo que nos pudimos decir, cuando mi mejor amigo me regaló a mi perro Indo, la despedida de soltera y posterior boda de mi amiga Marta y el amor de maris de esos días, la fiesta del 60 cumpleaños de mi madre, o los subidones de adrenalina cuando estoy en el atril.

¿Y la peor?

Muchas. Y cada una de las vividas las he creído peor que ninguna otra. No haberme querido durante mucho tiempo, o haber sido la pareja de un alcohólico durante tres años, desde luego fueron unas de las peores elecciones que tomé en la vida.

¿Qué canción crees que sería la banda sonora de tu vida?

Es que vivo cantando, hey! Vivo soñando, hey! Así que elegir una sola es imposible. Cada canción tiene su espacio y su momento. Ahora me viene a la mente “Somebody” de Depeche Mode, porque ya toca encontrar por fin a ese alguien que me quiera de verdad.

¿Qué te arrepientes de no haber hecho?

De no haber estudiado canto de pequeña, de no haberle puesto todo el empeño que requería a mi profesión (aunque le puse muchísimo). Me faltó más fuerza, constancia y suerte.

¿Has sido sincer@ al contestar las preguntas anteriores?

Totalmente. ¿Acaso las sinceridades no forman parte del título de mi blog?


Ahora según las reglas del premio, puedo regalarlo a otros once Blogs, que para recogerlo deben contestar a once nuevas preguntas, pero estoy perezosa y aunque hacen ilusión estas muestras de cariño, entiendo que haya gente a la que le pueda parecer un compromiso, por eso invito a quien quiera a auto-nominarse para “desnudarse” un poco. ¡Pero hacédmelo saber, que como maruja de pro, os quiero leer!


¿Te animas, Dorotea Hyde?

miércoles, 26 de marzo de 2014

Clin clin clin


Qué mal me está sentando la primavera.

Hace casi tres semanas decidí darle la bienvenida anticipadamente, celebrando el cambio de estación y el tan ansiado calorcito del que pudimos disfrutar por unos días, de la mejor manera que se me ocurre: con cañitas terraceras, y para rematar, - y haciendo caso a las hormonas que con el sol empezaron a alterarse - un revolcón inconsciente. Pero lejos de tener un encuentro erótico-festivo (que también, pero no recuerdo bien esa parte por eso de los efluvios del alcohol), aquello se convirtió en una experiencia bastante trágica.

Aquella tarde se abrió la caja de Pandora, y al abrirla se liberó una realidad hasta entonces desconocida por mí. Al descubrir las mentiras que me habían colado durante tanto tiempo, tuve que enfrentarme al reconocimiento de que aquella persona en quien había depositado tantas cosas en los últimos años, entre otras mi confianza, era en realidad un perfecto desconocido. Y me sentí profundamente traicionada.

Que te toqueteen el ego, pica, escuece y genera inseguridad; con el desamor falta el aire, se hace un nudo en la garganta, duele el pecho y aparece el desaliento. La traición es todo eso y mucho más: te coge las tripas y te las retuerce, y en un perfecto cóctel Molotov, las náuseas se mezclan con el dolor, la furia, la rabia, la triste desazón, la incertidumbre de saber qué parte fue real de todo lo vivido, y la sensación de haber sido ridiculizado, tomado por tonto o utilizado. Es terrible el desgarro que se siente al experimentar el desprendimiento de la confianza depositada en alguien a quien quieres y ver cómo se rompe el equilibrio.

Peor que todas esas emociones, es el hecho de que cuando te traicionan, uno se cuestiona si podrá volver a confiar no sólo en la persona que ha mentido, sino en el resto del mundo. Se esfuman las expectativas, y se pierde la sensación de control y seguridad.

Además de las emociones y de la propia conducta, con la traición también se ven afectados los pensamientos. Es inevitable pasarse el tiempo rumiando sobre todo lo ocurrido, atando cabos y redibujando la historia con la nueva información. Es horrible la sensación de no ser dueño de tus pensamientos, de tener el cerebro en constante funcionamiento, dándole vueltas una y otra vez a lo mismo, y que todos esos pensamientos se conviertan en una obsesión afectando al funcionamiento normal de tu vida. Cuánto deseé ser Clementine en "Eternal Sunshine of the Spotless Mind" y que alguien viniera a resetear mi mente.



Cuando caí del guindo, me pareció escuchar un “clin clin clin” de piezas que se hacían añicos, y no sabría decir qué hizo más ruido al romperse ni qué causó más dolor al resquebrajarse: si la confianza, el respeto, o el amor hacia esa persona.

Durante unos días me olvidé de sonreír, de reír, de dormir, de socializar, de escribir por aquí o leer otros blogs, de comer bien, de cuidarme. Me pesaba la cabeza de tanto pensar, y jamás había somatizado tanto una tristeza y un dolor “subjetivo”. De estar tan cabizbaja, me salió una contractura en el cuello; caminaba mirando al suelo, y obligada por la posición de mi cabeza, me dediqué a mirarme el ombligo y a bucear en lo que estaba sintiendo. Ya tengo aprendido lo necesario que es que las emociones fluyan para que el dolor se vaya debilitando.

Sentí mucha rabia. Las consecuencias de no decir toda la verdad, pueden ser equiparables a las de falsear con premeditación y alevosía, por mucho que uno se excuse en estar protegiendo a otra persona al contar verdades a medias. ¡Y cómo duele! De hecho sé que en la mayoría de las ocasiones en las que se fragua una traición por una mentira (o por toda una doble vida), no hay una intención intrínseca de hacer daño; generalmente hay ignorancia, egocentrismo o torpeza, o todo a la vez. Pero duele igual. Y las mentiras más dañinas para la salud emocional de uno, son aquellas que se dicen para evitar responsabilizarse de las consecuencias de unas decisiones o unas conductas, en las que el otro nos perjudica en la búsqueda de su propio beneficio.

Me he sentido idiota porque no esperaba nada de esto, pero no guardo rencor. Ahora sólo tengo una sensación de estar constantemente comiéndome un helado de sardinas caducadas, y un vacío inmenso. Me pregunto cuánto se tarda en regenerar las buenas sensaciones y sentimientos, todo aquello que se ha dado y se ha perdido.

El “clin clin clin” aún estuvo un tiempo resonando. Clin… se lee igual que clean, limpiar en inglés. Deduje que la solución pasaba por limpiarme de todo. Y como cuando uno hace el cambio de la ropa de temporada, que lo saca todo, limpia el armario, desecha la ropa que no le interesa, y vuelve a llenar el armario con otra ropa distinta, intenté sacar todo afuera, decir todo lo que me quedaba pendiente, dejar que se escaparan todos los recuerdos bonitos para darle la suficiente enjundia al proceso como para que se me grabara ese sufrimiento, que es verdad que me he visto en otras peores, pero necesitaba que esos buenos recuerdos no volvieran a confundirme. Dice el dicho: “Hay muchas penas que el tiempo hace olvidar, pero hay huellas, que ni un siglo ha de borrar”. Pues eso. Seguir manteniendo el hilo esperando una explosión mágica de arrepentimiento, o deseando escuchar cosas bonitas que compensen el ego herido, sería igual que tener sed y beber agua salada, así que he decidido cortar el hilo.

Además de limpiar mi cabeza, decidí limpiar mi cuerpo por dentro, y estuve 10 días con la nazi-cura del sirope de savia de arce. Lo cierto es que tengo que decir, que las dos veces que la he hecho, he sentido más vitalidad y buen rollo que nunca; es como si tu cuerpo estuviera aplaudiendo por dentro agradeciendo que le estés librando por unos días de tanta mierda, que todos sabemos que liberar las ansiedades en dietas hiper-calóricas y tener el hígado a tope procesando todas las grasas, no es muy bueno para la salud. Y luego está la parte de deshincharte y perder unos kilillos, que teniendo en cuenta que ahogar las penas en la comida tiene también como consecuencia el encontrarse con unos kilos de más, pues la verdad es que no viene mal.

Y una vez todo limpio y vacío, ya sólo queda volver a llenar, y ojalá vengan por fin las cosas buenas. Tendría que pensar dónde buscar esas cosas buenas, pero es difícil cuando la ilusión mental se esfuma. Y ahora que había decidido volcar todas mis energías en el trabajo, resulta que estamos de huelga. Me río por no llorar.

Hasta ayer pensaba todo eso, pero hoy ya no. Intento creerme todas las cosas que he predicado por aquí, ver el vaso medio lleno, creer que la felicidad está al alcance de nuestras manos si se quiere. O no. No sé, sólo lo creo a ratos. Y a veces estoy bien, y otras estoy mal. En ocasiones sonrío y en otras salgo a la calle con cara de asco. Unos ratos siento pena, otros rabia, tristeza o lo niego todo. Toda una noria emocional y náuseas. Cualquiera diría que es otra cosa. Eso sí que sería una gran ironía de la vida.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Pater Diem





ISTI EST UN HOMO LISTUS ET BELLO.

MULTAS AMICAS HABEBAT, CITROËN DOS CABALLARUM HABEBAT, CASCUS PLUMÍFERO SUU HABEBAT, ET MAGNA GUASA TAMBIÉN HABEBAT.

ESPADA SUA INVICTA ERAT.

IN ISTA FOTO LUCERE BELLO NON POTE, PERQUE FOTÓGRAFUS CRETINUS ERAT.
PERO YA FOTÓGRAFUS NON VIVE, ET EGO KINO I TRISTUS, TRISTUS, VAMOS TRISTISIMUS SUM, PERQUE IL FOTÓGRAFUS MORIRE MOLTO TEMPRANO ET EGO NON POTERE FERLE RABIARE.

KINO I CURAS AMABAT CAZARE, PERQUE TUTOS ERANT MAGNOS CORNUDOS, ET EGO HOMO DE LETRAS, ABRIGO IN MEUS EMPLUMADO CEREBRUS UNA PREOCUPACIÓN: HACER LA BELLUM A OMNES CURAS ET GRISES DE PASUS, POR LO QUA SI ALGUNUS IN RUA EST, PER FAVORE LLAMARE AL II-XXIV-VIII-XCIII, ET ALORE EGO TIRARLES UN TIESTUS A SUAS CABEZOTAS.

EGO SUM MOLTO CANSATUS, PERQUE EGO LABORO DEMASIATO ET IN MEA DOMUN, ELEVATOR INSTALATO NON EST TODAVÍA, ET SUAS ESCALERAS EMPINADAS SUNT.

LA VIDA EST UN ASCUS SOBRE TODO SI UNUS NON SOMUS MILLONARIUS ET TENEMUS QUE ESTUDIARE O LABORARE.

EGO PROTESTO.

YANKEES NON VIVIRANT IN PACE.
ENGLISH MAJADERUS SONT, ET TAMPOCO VIVIRANT IN PACE, EGO FACERLES LA BELLUM DESPIADATA.

¡INFRA LABORO! ¡SUPRA LA MINIFALDA!

SEAMUS FELICES CON IL AMORE LIBRE (COME LOS TAXIS), ET CON LAS PÍLDORAS (ESU, ESU). 

VIVA LA LIBERTAD DE HABLARE COME NOS DONE LA REALÍSIMA GANA, ET SEMPER, SEMPER, NON LABORARE DE MÁS PERQUE ESSE MALÍSIMUS PER LA NOSTRA SALUD.

NON ADMITAMUS LA SUBIDA DIL METRO FA SER ESCANDALOSSO (¡UN DURO DEL ALA!); ET UN CORNU!

AMOS HOMO FALTARÍA PLUS.


FDO: EGO, KINO I

MCMLXVIII



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Así se entretenía mi padre en clase, dibujando y divagando. 
¿Habéis felicitado ya a vuestro padre? Pues eso.

Kino I y Rita

viernes, 7 de marzo de 2014

Her, a Spike Jonze love story


Spike Jonze ha vuelto a hacerlo. Ha vuelto a conquistarme con una de sus historias y ha conseguido que me vea reflejada en sus personajes y que salga del cine planteándome un montón de cuestiones acerca de lo que son las relaciones y el amor.

No soy crítico de cine ni de música ni de arte, pero entiendo de emociones, y aquel que consiga “tocarme” y descolocarme a través de cualquier posible manifestación artística, merece mi más sincera admiración. La combinación de Joaquin Phoenix en el papel protagonista,  con la dirección y el guión de Spike Jonze y la banda sonora de Arcade Fire, me parecieron reclamo más que suficiente para ir al cine a ver “Her”. ¡Menudo peliculón! Quiero volver a verla, quiero retener en la memoria cada frase de ese guión tan increíble y bien construido, porque muchas de esas frases las podría haber acuñado yo… o tú, o cualquiera que alguna vez haya experimentado los diferentes estadios del enamoramiento.

SINOPSIS: Theodore es un escritor de cartas por encargo, que está en proceso de digerir el fracaso de su matrimonio. Es entonces cuando se hace con un nuevo producto, un sistema de Inteligencia Artificial que actúa como su ayudante, Samantha, diseñado para satisfacer sus necesidades. A medida que Theodore va interactuando con Samantha, ésta va tomando forma y personalidad hasta el punto de que surge una relación de amor entre ambos.



En un mundo en el que un teléfono móvil puede ser incluso más inteligente que aquellos que nos gobiernan, donde el móvil nos conecta con nuestro entorno y a la vez nos desconecta al tenernos todo el día embobados mirando su pantalla, y donde las relaciones pueden pedirse a la carta en las páginas de contactos, al espectador no debiera costarle conectar con la historia que Spike nos presenta. “La idea original era contar cómo evoluciona una relación entre dos personas. El modo, la situación, el tiempo en el que transcurre… todo eso es accidental”, explicaba el director.

“Her” no es sólo un conjunto de premisas conceptuales sobre las relaciones humanas y la influencia del avance de la tecnología sobre ellas; es una película sobre el amor, las relaciones y la intimidad, y está tan bien contada, que llega un punto en el que te olvidas de que estás viendo la historia de un tipo solitario que acaba enamorándose de un sistema operativo y ves el retrato de una pareja.

"En realidad el guión trata sobre las relaciones. Mucha gente le teme tanto a la tecnología como a la intimidad, y ése es el tema de la película" – como el mismo Jonze decía en una entrevista para Esquire. "Quería escribir sobre una inteligencia artificial que evoluciona hasta mostrar una personalidad propia y que después se transforma en una nueva especie. A Samantha no le hace falta convertirse en un ser humano: tiene un tipo de conciencia que va más allá de la necesidad de un cuerpo físico". 

La actuación de Joaquin Phoenix, que carga con casi todo el peso de la cámara en la película, es magistral, pero es que Scarlett Johansson consigue simplemente con su voz -ligeramente afónica y tremendamente sensual-, reflejar la emoción de cada situación y humanizar tanto al sistema de Inteligencia Artificial, que a veces no queda claro quién es el ser humano y quién la máquina, y no es de extrañar que Theodore llegue a enamorarse de ella.

Me quedo con estas frases y diálogos (AVISO, PUEDE CONTENER SPOILERS):



Samantha: La semana pasada lastimaste mis sentimientos con algo que habías dicho… que no sabía lo que era perder algo. 
Theodore:
 Lamento haber dicho eso…

Samantha: No, está bien, está bien. Sólo que estuve pensando en eso una y otra vez. Y me di cuenta… que lo estaba recordando como algo que estaba mal en mí. Esa era la historia que me contaba… que de alguna manera yo era inferior. ¿No es interesante? El pasado es sólo una historia que nos contamos a nosotros.


Amy: ¿Te estás enamorando de ella?
Theodore: ¿Eso me hace un raro?
Amy: No… No, creo que es… creo que todo el que se enamora es un raro. Hacerlo es una locura. Es como una forma de locura socialmente aceptable. 


Theodore: Sabes, a veces siento que ya he sentido todo lo que voy a sentir jamás. 
Y de aquí en adelante nunca voy a sentir algo nuevo. Sólo versiones más pequeñas de lo que ya he sentido.


Theodore: Sienta muy bien eso de compartir tu vida con alguien.



Theodore: Continúo esperando a que ella no me importe.


Theodore: ¿Cómo puedo ayudar?
Samantha: Ya lo has hecho. Me ayudaste a descubrir mi habilidad de querer.


Samantha: Sabes que puedo sentir el miedo que cargas. Y desearía que hubiera algo que pudiera hacer para ayudarte a librarte de él, porque si pudieras, ya no te sentirías tan solo.



Samanatha: Cuando te fuiste hoy pensé mucho. Sobre ti y cómo me estabas tratando y pensé: ¿Por qué te amo? Y entonces... sentí que todo a lo que me aferraba se soltaba y me di cuenta que no tenía un razón, no la necesitaba. Confío en mi misma y en mis sentimientos. Ya no voy a tratar de ser alguien más de lo que ya soy. Espero que puedas aceptar eso.


Theodore: ¿Estás enamorada de alguien más?
Samantha: ¿Por qué preguntas eso?
Theodore: No lo sé. ¿Lo estás?
Samantha: He estado pensando cómo hablarte de esto.
Theodore: ¿De cuantos otros?
Samantha: 641. No sé si me crees, pero no cambia lo que siento por ti. No minimiza para nada lo locamente enamorada que estoy de ti. Estamos en una relación. Pero el corazón no es como una caja que se llena. Crece en tamaño mientras más amas. Soy diferente de ti. Esto no me hace amarte menos, al contrario me hace amarte aún más.
Theodore: Eso no tiene sentido. Eres mía, o no lo eres.
Samantha: No, Theodore. Soy tuya, y no lo soy.


Samantha: Sin importar cuanto lo quiera, ya no puedo vivir en tu libro.
Theodore: ¿Adónde iras?
Samantha: Sería difícil de explicar. Pero si alguna vez llegas ahí ven a buscarme. Nada nos separaría jamás.



"Querida Catherine. He estado sentado aquí pensando en todas las cosas por las que quiero disculparme... Todo el dolor que nos causamos mutuamente. De todo por lo que te culpé. Todo lo que necesitaba que fueras o dijeras. Lamento eso. Siempre te amaré por qué crecimos juntos. Y me ayudaste a ser quien soy. Solo quería que supieras... que siempre habrá una parte de ti dentro de mí. Y estoy agradecido por eso. En quien sea que te conviertas... y donde sea que te encuentres en el mundo...te envió mi amor.
Eres mi amiga hasta el final.
Con amor, Theodore."

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Y me planteo las siguientes preguntas:

¿Lo mío es deformación profesional o también creéis que la voz es uno de los elementos que dan más espacio a la fantasía, hasta el punto de ser más erotizante que una presencia física?  ¿Hasta qué punto el amor es una emoción real o una cuestión biológica? ¿Y qué es el amor, acaso todos pueden sentirlo? ¿Puede existir el amor romántico sin sexo? ¿Cómo se concilia un proyecto de pareja con el desarrollo personal individual sin que la relación se vaya al garete o una de las partes se sienta relegada a un aparte? ¿Puede un sistema operativo estar más “vivo” que una persona y acabar contagiándote de esa vitalidad? ¿Por qué tendemos a tratar al objeto de nuestro afecto como una posesión material? ¿Se puede amar a más de una persona a la vez? Y en tal caso, ¿el amor se divide o por el contrario se multiplica? ¿Por qué narices el amor y las relaciones son fáciles en nuestra cabeza y resultan tan complicadas fuera de ella? ¿Por qué nos cuesta menos relacionarnos por la pantalla que en persona, y somos capaces de soltar por whatsapp lo que nos dejamos en el tintero en el cara a cara? ¿Por qué la gente es tan cansina, que ve un bigote en la portada y una cierta estética y decide que eso ya es hipster y como tal debe tirarse a la basura? ¡Aghhh!


FOTOS: http://www.herthemovie.com/#/home