viernes, 29 de agosto de 2014

Cinco citas merecen un mejor colchón


En vista de que me estaba costando arrancarme a darle a la tecla, me puse a repasar los escritos que almaceno y que dejo a medias. De entre todos ellos, me llamó la atención uno de hace algo más de un año, en el que empezaba contando que una amiga de Barcelona me preguntaba si podría acogerla en mi casa a dos meses vista, a lo que yo le respondía que en principio no tenía ningún plan, pero que claro, con tanta antelación no podía decirle qué sería de mi vida ni asegurarle nada. Lo que escribí entonces continuaba así:

"- Tranquila, que me lo apunto en la agenda. Mi casa es tu casa, a no ser que de aquí a entonces conozca al hombre de mi vida y me proponga un plan fantástico justo para ese fin de semana- le contesté.

Yo, la misma que critica a las amigas que se emparejan y desaparecen del mapa, le dije eso. La que se encabrona cuando viaja a visitar a sus amigas a la ciudad condal, y ellas no dejan a un lado sus planes cotidianos para atenderme y contemplarme las 24 horas. La que aboga por una vida independiente por encima de todas las cosas. Sí, he decidido que la próxima vez que me enamore va a ser de esos amores de película, intensos y bonitos desde el momento del flechazo. Nos daremos cuenta de que estamos hechos el uno para el otro, y querremos aprovechar toda la vida que llevamos sin conocernos."

No tengo ni idea de por qué lo guardé titulándolo “Asfixia”.

Curiosamente este verano he recibido la visita de otras dos de mis amigas barcelonesas.  La primera de ellas me descubrió “Tinder”.

- ¿Pero esa aplicación no es sólo para gays que quieren follar directamente y que el chisme ese te dice a quién tienes cerca disponible? – le pregunté.

- No tía, eso es el “Grindr”. Esta mola, es para todos, y te conecta con gente con la que compartes gustos comunes en Facebook, y si no sois atracción mutua, no te van a dar la plasta – contestó al tiempo que me comentaba lo bien que le había ido con esa aplicación a varias amigas.

A la mañana siguiente ya tenía mi perfil creado y me pasé un buen rato dándole mucho al “nope” pero sorprendentemente encontré a unos cuantos que pasaban el filtro del espanto. Muchos más que en cualquier otro portal, ni tan hipsters como en “Adopta”, ni tan MYHYV como en “Badoo”, ni tan puretillas como en “Meetic”. Más sorprendentemente aún, conseguí el primer día varios “matches” o chicos compatibles.

Enseguida tuve mi primera cita. Cometí la locura de… ¡irme a desayunar a Ciempozuelos donde vivía mi Romeo! Y bueno, aparte de que en las fotos parecía mucho más alto - que con mi 1,62 y mis tacones de 5 centímetros, no me cuadraba haberle podido dar sin mucho esfuerzo caponcitos con la barbilla si hubiese querido, cuando él supuestamente medía 1,77, porque no me salen las cuentas -, resulta que nos pasamos la cita entera discutiendo. Vale que yo sea cabezota, pero él lo era por tres, y hablásemos del tema que hablásemos, no llegábamos nunca a un acuerdo; el tipo trataba de imponer su criterio, y como resulta que no soy una mosquita muerta, allí saltaron las chispas, y no eran fuegos artificiales precisamente. Creo que fue la cita más tensa e incómoda de mi vida, y tras dos cafés salí espantada y acelerada de vuelta a Madrid. Al poco de arrancar el coche el chico me enviaba un mensaje diciéndome: “Aunque no te lo haya parecido he estado muy a gusto, me ha gustado la cita, ya te dije que prefiero la vidilla al aburrimiento y me gustaría repetir”. ¿Vidilla? De pronto me imaginé horrorizada cómo sería decidir con ese chico qué cortinas pondríamos en nuestro salón si prosperaba la historia.  Fin.

Recién llegada mi otra amiga barcelonesa, debatíamos en una tarde fantástica de chicas sobre el amor, del cual yo renegaba, alegando todos mis fracasos sentimentales y la pereza que me daba volver a tener una cita como la del chico de Ciempozuelos.

- Mirad, sólo me animaría si encontrase a alguien divertido, andaluz a poder ser, guapo, que toque algún instrumento (preferiblemente la guitarra o la batería), que le guste el mar y los deportes, y ya sería ideal si tuviese pasta y una Volkswagen Camper antigua para recorrer juntos España. Pero como eso no existe y es soñar demasiado… - dije en plan frívolo.


La providencia quiso poner en mi camino vía Tinder al día siguiente a un malagueño deseoso por conocerme que era un cañón, surfero, resalao, batería de un grupo medianamente conocido, entre cuyas fotos de perfil había una de su preciosa Volkswagen Camper de color crema y que trabajaba en inversión de banca.  ¡Y cómo te quedas, muerta!

Como una no debe darle la espalda a la providencia, admito que me salté varias de mis reglas auto-impuestas a la hora de ligar por internet, como la de no darse enseguida el teléfono o tardar más de un día en quedar. Y cuando nos conocimos me salté LA REGLA, ¿quién no lo haría cuando cree que le ha tocado la lotería? Diré que la noche en sí fue bastante surrealista, en la que aprendí entre otras cosas, que los chicos que tocan la batería necesitan tocarla y seguir un ritmo todo el rato, y utilizarán por tanto cualquier superficie para tamborilear. Otra cosa que no es que aprendiera porque ya la sabía, sino que recordé, es que no debo volver a juntarme con ningún géminis. Era el tipo más embaucador del mundo, que incluso me propuso marcharme a Londres con él el día siguiente alegando que la habitación de hotel que tenía reservada era estupenda. En mi defensa sobre por qué me precipité tanto, diré que acuciaba el tiempo y debía comprobar cuanto antes si se trataba mi príncipe azul, más que nada porque una semana más tarde yo me iba de vacaciones, y él… ¡él se iba en unos días a Bali a empezar una nueva vida! ¿Puede ser más cruel la puñetera providencia? Fin.

Justo un día antes de marcharme de vacaciones, volví a conectarme a Tinder. Entonces me escribió un chico que a priori no me entró demasiado por los ojos. Creo que empezó escribiéndome queriendo saber más de mis artes culinarias, y tras una amena conversación, se despidió preguntándome si podía seguir conquistándome al día siguiente. Yo me lo tomé a guasa y pensé que se quedaría ahí el intercambio de mensajes, pero no…


CONTINUARÁ

(Puedes leer la continuación aquí)

miércoles, 20 de agosto de 2014

Yo Leo


“Se oye niña. Fecha prevista de nacimiento: 12 de agosto”. Así constaba en uno de los últimos informes médicos.

En el año 75, eran pocos los privilegiados que podían permitirse el lujo de salir de la ciudad y escaparse a la playa en Agosto; la gran mayoría como mucho conseguía pasar las vacaciones en el pueblo del que era originario algún miembro de la familia, y si era a la fresca, mucho mejor.  Mis padres - sin tener posibles ni pueblo al que acudir – eran afortunados porque al menos contaban con la casa que mis abuelos paternos tenían en Pozuelo y se podían pegar unos baños en su piscina. Sin duda también era de agradecer el poder contar con varios tíos y primos que tenían casa en aquella urbanización a las afueras de Madrid para poder entretenerse.

Aquel sábado 9 de agosto, por la mañana mi madre recibió la visita de mi tía Rocío, que acudía a diario para preguntarle cómo se encontraba:

-Bien, aunque he manchado un poco.
- ¿Y no será que estás ya de parto?
- No sé, es que no tengo ningún dolor. Tú estate tranquila. Voy a preparar pisto, que se me ha antojado. Comeré, me daré un chapuzón en la piscina y luego si acaso quedaré con Rafael a ver qué me dice.

Con toda la calma del mundo, aprovechó para lavarse el pelo y depilarse por si tenía lugar el ingreso hospitalario. Al fin y al cabo sólo faltaban tres días para la fecha prevista de parto, y llegado el momento, y teniendo en cuenta las visitas que recibiría, mi madre quería estar lo más presentable posible.

Hacia las 5 de la tarde, cuenta mi madre que quedó con mi tío Rafael en Harry’s para tomar una coca-cola. Rafael - que era además su ginecólogo- , al parecer le tocó la tripa nada más verla, y basándose en la dureza de la misma le anunció que ya era hora de encaminarse a maternidad. – Y deja de comer cacahuetes que tus contracciones son cada vez más seguidas – le largó controlando el intervalo de  las mismas con su reloj de pulsera.

Mientras mi abuela materna se ponía en camino para viajar de Málaga a Madrid al enterarse de mi inminente llegada tras una llamada de teléfono, a mi abuela paterna no hubo modo de localizarla. Después confesaría que al haberse peleado con mi abuelo, decidió coger un autobús que la llevó de Pozuelo a Madrid, y se dedicó a  hacer las cosas que más le gustaban: pasear por la calle Gran Vía de arriba a abajo, tomar una buena merienda en la cafetería Manila, y ver una película de amor y lujo en el cine Coliseum. Por supuesto también se ocupó de ignorar el teléfono las tropecientas mil veces que sonó una vez que regresó a su domicilio en Madrid.

– Seguro que es Joaquín (mi abuelo) que quiere discutir y que se pregunta dónde estoy. Pues que le den morcilla que no pienso contestar al teléfono – me dijo que pensaba. Y mientras, mi padre se desesperaba tratando de comunicarse con ella. No consiguió hacerlo hasta casi de madrugada, cuando mi abuela por fin de dignó a contestar "por si acaso pasaba algo". Solía decir que no entendía cómo a pesar del disgusto que le dio a la familia por haber desaparecido, la habían hecho mi madrina.

Recuerda mi madre que no notaba las contracciones, y que en el hospital alucinaron un poco con su entereza, pero sobre todo con que hubiese llegado sin ayunar, con la barriga llena de pisto, cacahuetes y coca-cola, y de mi queriendo salir. Quisieron entonces prepararla para llevarla al paritorio (o sea, rasurar y enchufar un enema):

- Que no, que no, que es que ya sale, que ya lo tengo aquí – dijo.

Después de que lo corroborase una enfermera, cuenta mi madre que fue andando directa al paritorio, y que justo antes de entrar notó una contracción tan fuerte y un dolor tan terrible en los riñones, que cree que perdió el conocimiento, porque ya no recuerda nada más.

3,800 Kg de hermosura vinieron al mundo hacia las 20:10 con todas sus cositas bien puestas en su sitio y sana como una manzana. Y en efecto era una niña. 

En mi cumpleaños me dio por pensar en la relevancia de todas estas circunstancias el día en que nací: si la calma de mi madre antes de parir, determinó el que yo sea una persona tan tranquila. Si será por eso me pirran los cacahuetes, el pisto y la coca-cola. Si el hecho de que mi abuela favorita estuviese en el cine mientras yo venía al mundo, pudiese haber influido en esto de que haya decidido dedicarme a la interpretación; o si por eso me chiflan las meriendas de señoras. No sé, porque el día que nací desde luego no nacieron todas las flores sino que pasaron estas cosas... y a lo mejor no es sólo cuestión de genética, de hábitos que se copian o de cosas del cosmos el cómo es uno y lo que determina su carácter.

Sí, también creo en los horóscopos.

A ver, es que he leído lo siguiente sobre los nacidos bajo el signo de Leo, y que me digan si esta no soy yo a grandes rasgos (aquellos que me conocéis, ¿hola?):

Este es un signo caracterizado por el drama, pero que al mismo tiempo es social, creativo, y tiene suficientes cualidades para ser atractivo. Es casi imposible de resistirse a un Leo.  
Leo es directo, pero afectuoso y apasionado cuando expresa sus sentimientos.  
Las personas nacidas bajo el signo de Leo son cariñosas, divertidas y muy generosas con la gente que forma parte de su vida. Como el signo zodiacal más generoso, Leo es un amigo leal y desinteresado. Siempre está listo para ayudar a todos, a pesar de que a veces esto entre en conflicto con sus propios intereses. Leo tiene una personalidad segura y fuerte. Amable y modesto, le gusta mucho organizar fiestas y otros eventos. Raras veces está solo; la interacción es su segunda naturaleza. Elige a sus amigos cercanos por la capacidad de igualar su sentido del compromiso y la dignidad con los valores personales. En cuanto a la familia, Leo, que es poderoso, hará lo que sea para defender a sus seres queridos. Leo es leal para toda la vida. Le da mucho orgullo poder ayudar a su familia en las buenas y en las malas.
En cuanto al sexo, es muy posible que Leo sea muy enérgico, aventurero y divertido. Elige a su pareja cuando esta le permite tener la iniciativa, destacar y ser independiente. Buscan amantes desinhibidos que no sean muy conscientes de sí mismos. La pareja de Leo necesita ser tener el mismo intelecto para poder funcionar. 
 Los Leo a veces se arriman a relaciones que no les convienen pero es tan fuerte su deseo de no haberse equivocado lo que le incita a continuar con ellas. Realmente son buenos amantes que lo dan todo por los suyos; lo da todo aunque a veces no reciba tanto como da. En ocasiones su pasión es tan desmesurada que llega hacer sombra a su pareja y puede crear conflictos. Pero en definitiva es un amante con mucha vitalidad que hará las delicias de su compañero. 
Pero no creas que son perfectos, las personas del signo Leo tienen una serie de defectos tan grandes como sus virtudes, ya que su excelencia se puede tornar fácilmente en arrogancia, en orgullo innecesario y en mal genio. A veces son capaces de dejar de lado su característica honestidad para desacreditar a sus enemigos, y si no controlan su carácter, adoptan ciertos aires de superioridad y prepotencia. 
Tienen amplias posibilidades de lograr un éxito rotundo en puestos de autoridad. Si entran en la política sólo quieren tener el cargo más alto. Muchas personas del signo Leo llegan a ser directores de empresas; son ambiciosos y si nacen con inclinaciones artísticas, tienen muchas posibilidades de convertirse en grandes estrellas.

Además, ya contaba yo aquí que todas las predicciones me auguraban un gran año, sobre todo a partir del 16 de julio con el ingreso de Júpiter en mi signo, y una de ellas decía:

Los éxitos llegarán porque te lo mereces, porque no te amilanas ante nada, porque siempre ayudas a quien lo necesita, porque eres el mejor amigo del mundo, porque generas una energía tan especial que con razón eres el rey de zodiaco… Por tantas y tantas cosas, este año Júpiter te va a poner su corona de fortuna y prosperidad.

Pues bien: puedo decir que está siendo así. Desde más o menos esa fecha, me he encontrado con varios éxitos por el camino, con ilusiones y con buenas compañías, y la fortuna parece que de momento está de mi lado. Llamadme friki, pero todo esto no puede ser casualidad. 

¡Brindo por Júpiter y por mi cumpleaños!

Y esto es lo que costó traerme al mundo...

miércoles, 2 de julio de 2014

Superguay


Martín, mi mejor amigo, que está de vacaciones en una ciudad europea con su amor, me ha enviado por whatsapp una foto de ambos frente a un bar, porque se han acordado de mí al leer el nombre del establecimiento.  El bar frente al que posan, se llama “Putica”.

Nuestra amistad es de lo más natural y espontánea, no necesitamos fingir y nos podemos permitir licencias de ese tipo.

Le pregunto que qué tal les va, y me responde que “muy bien, muy romántico”. Y a mí, que vengo de ver al hijo recién nacido de una amiga del cole, me sale pedirle que aprovechen y me traigan un “sobrino”. – Bueno, o si no ¡pídele matrimonio!- le escribí.

**

Cuando coincidí con Martín en unas clases de teatro, nos caímos bien, pero no llegamos a hacer migas como para que se fraguase una amistad. - ¡Es que no veas lo que me imponías! – me suele recordar.

Martín por aquel entonces salía con Vega, a la que también conocí porque a menudo le iba a buscar a clase. Para mí eran la típica pareja de veinteañeros tiernos e inocentes, que se enamora en el instituto y que hace planes y sueña con seguir juntos hasta el fin de sus días. De hecho, pasados unos meses desde que finalizara aquel curso de teatro, decidieron marcharse a vivir a Barcelona con la intención de probar suerte y forjarse una nueva vida allí.
Durante ese periodo, mantuvimos el contacto telefónico con llamadas puntuales cada cierto tiempo, en las que nos actualizábamos sobre nuestros progresos en el mundo de la interpretación. Pronto a él empezaron a irle las cosas muy bien en el terreno profesional; no tanto a ella, por lo que su relación se fue resquebrajando.

Por circunstancias de la vida, con el tiempo también acabé mudándome a Barcelona. Cuando llegué a la ciudad condal, el noviazgo de Martín y Vega acababa de romperse y ella había regresado a Madrid. Al acabar de romper una relación de casi siete años, él se encontraba en un momento personal bastante delicado en el que necesitaba recolocar todo; pero no dudó en ofrecerme su apoyo para que pudiera abrirme camino en aquella ciudad, empezando por acogerme en su casa de manera temporal.

Tomamos la buena costumbre de rematar muchas noches con sobremesas interminables en las que no faltaban ni el vino ni las risas. Martín era (y es) una fuente inagotable de ingenio, y juntos formamos un buen equipo. El inevitable cariño que surge con el roce, y con el aderezo del alcohol, contribuyó a que acabásemos enredándonos entre las sábanas en más de una ocasión, y que pasásemos a ser compañeros de piso con una relación extraña de mucho amor, mucho cariño, mucha compenetración y admiración, respeto, y algún que otro revolcón. Pero sin las mariposas en el estómago y dosificado a la conveniencia de ambos.

Una noche en la que volvíamos a casa de salir de fiesta con mis amigas, me confesó que estaba empezando a sentir algo por una persona, pero que “aquello no podía ser”, según repetía una y otra vez.

- ¿Quién es, Martín? ¿La conozco? – le pregunté.
- No te lo puedo decir. Claro que conoces a esa persona, es del grupo. ¡Pero es que no puede ser, no puede ser!
- ¿Pero quién? – le increpé - ¿Es Lucía? ¿Leonor? ¿No será Manuela?
- No, ninguna de ellas. No me insistas más que no te lo voy a decir. No puede ser, así que…

Confundida como estaba por lo que sentía hacia Martín, durante varios días estuve analizando la situación. – Nos queremos, nos echamos de menos, nos buscamos, nos entendemos, nos reímos y nos lo montamos de puta madre en la cama, no siento que esté enamorada, pero ¿y si no siempre te enamoras de la misma manera y con la edad los sentimientos no son tan viscerales? – me planteaba. Porque además no podían ser casualidad detalles como que su olor me recordase tanto a mi padre, que supiera responder a la cantinela del “me quieres, alfileres; me adoras, lavadoras; me ajuntas, sacapuntas” que me enseñó mi madre y que no volví a escuchar hasta conocer a Martín, y otros muchos lugares comunes en nuestras vidas y muchos sueños compartidos. Aquello era una señal de que era a él a quien tanto tiempo llevaba buscando.

Esa noche no había más amigas presentes susceptibles de haberle entrado por el ojo a Martín; de hecho conociéndole, estaba casi segura de que ninguna de ellas podía ser su tipo, así que entonces sólo cabía la posibilidad de que estuviera refiriéndose a mí. Seguramente él también estaba confundido con lo que había surgido entre nosotros y le descolocaba la manera inesperada en la que se habían desarrollado los acontecimientos, porque sin darnos cuenta nos habíamos convertido en dos personas que lo compartían todo, que se gustaban y se necesitaban de alguna manera. El hecho de ser compañeros de piso y de no haber pasado por el luto necesario que requiere una relación tan larga, quizá lo hacía todo más complicado. Por eso no podía ser, como él decía. 

Tendríamos que aclararlo, porque quizá sí podía ser.

Días más tarde, entre caipiriñas, a Martín se le ocurrió sacar las cartas del tarot para leerme el futuro.

- Pero si tú no sabes – le dije yo.
- Claro que sí. Me enseñó la abuela de Vega, pero desde que se murió, no me he vuelto a atrever a echarlas. Me da algo así como respeto – contestó. – Pero hoy me apetece hacerlo.

De manera muy profesional empezó a barajar las cartas.

- Corta aquí. Piensa en lo que quieres preguntar. Escoge un montón. Ahora dame nueve cartas.

Empezó a voltearlas y a colocarlas formando una cruz, y al lado derecho otra hilera de cartas. A medida que las iba descubriendo, asentía, como si los dibujos de los arcanos estuvieran confirmándole cosas que ya sabía.

- Veo una figura de un hombre… es alguien muy importante para ti. Esta persona ha llegado recientemente a tu vida, y se ha convertido en un pilar fundamental. Pero las cartas me dicen que esa persona te ve como una amiga, y tú sin embargo le ves como algo más. ¿No ves esta carta, que sale uno como vestido de príncipe? – Yo no podía salir de mi asombro. – Espera, es que creo que la persona que sale en las cartas soy yo – dijo Martín.

No pude más que hacerme pequeñita en el sofá y romper a llorar porque el estúpido tarot había desvelado el secreto que llevaba días preocupándome y sobre el que no había sacado ninguna conclusión. Martín en cambió respondió con una carcajada sonora:

- ¡Has picado, pringada! No tengo ni idea de echar las cartas, me lo he inventado todo para tirarte de la lengua.

Indignada le recriminé que hubiera jugado tan sucio, porque yo no tenía claro lo que sentía y al desvelar todo eso, sabía que la situación en casa iba a hacerse incómoda. Quid pro quo – pensé. – Ahora tendrás que sincerarte y decirme quién es la persona que te gusta, me lo debes – le espeté entre lágrimas.

- Lo siento, estaba de broma, no quería que te lo tomases así, pero llevaba un tiempo dándole vueltas y no quisiera que te equivocases con lo que somos… Joder, es verdad, debería sincerarme contigo.
- Bien. Si no es Manuela, ni Lucía, ni Leonor ni yo, ¿quién coño es? Porque allí no había nadie más, aparte de Juan (el novio de Manuela).

Martín agachó la cabeza, como si estuviese reconociéndolo. Mi reacción no fue otra que la de cruzarle la cara, al tiempo que le gritaba que se fuera a mentirle a su puta madre. Entonces fue Martín el que empezó a llorar:

- Es Juan, Rita. No sé por qué me está pasando esto, eres la única persona a la que se lo he confesado y tengo miedo de que todos reaccionen así.

**

De pequeña, el día de Reyes solíamos reunirnos toda la familia en casa de unas tías abuelas. Era el único día del año en el que coincidía con primos segundos como Felisín, mi primo “mariquita”, con el que siempre hacían guasa porque lo que más le gustaba era cepillarle el pelo a su pequeño Pony morado, y porque era bastante amanerado y más delicado que sus propias hermanas. Hacia los veintipocos años, en uno de los primeros cursos de teatro que hice, conocí a Dani, una “prima donna dramática”, el típico chico homosexual alocado que me introdujo en el mundo de los bares de ambiente de Chueca, y junto al que viví unos años de lo más rocambolescos. Y también me hice amiga de Ruth, y de Verónica, y de Leo, de Alberto… Todos ellos habían nacido “así”, siendo homosexuales, como el que nace con ojos marrones, vaya. Pero nunca había conocido a alguien que fuera heterosexual y de repente pasara a interesarse por personas de su mismo sexo.

- Bueno, de pequeño era yo el que ponía la mesa y ayudaba en la cocina y no mis hermanas, y nunca me ha gustado el fútbol. Y cuando los niños se pegaban en el recreo, les gritaba que hicieran el amor y no la guerra – argumentaba Martín.


**

Meses más tarde era Manuela la que empezaba a tener problemas con Juan. Yo le serví a ella de paño de lágrimas y de amiga consejera, de manera que fuimos estrechando nuestros lazos. Al dejarlo con Juan, cada vez pasábamos más tiempo juntas, y lo que empezó como un juego en una noche de borrachera en la que nos dimos unos besos, acabó convirtiéndose una amistad íntima, en el más amplio sentido de la palabra. 

Fue entonces cuando entendí que las personas podían enamorarse de otras personas, independientemente de su sexo, y que hoy podía ser una mujer, y mañana un hombre. Y fue también cuando sentí la presión social, con miradas inquisitorias de señoras con collares de perlas, o el jaleo de orangutanes que se creían que si besaba a mi novia, lo hacía para excitarles.

Lo curioso es que paralelamente a Juan le estaba pasando lo mismo, y también le dio por explorar el mundo homosexual. Se ve que Martín tuvo desde siempre el famoso “gaydar” y acertó de pleno cuando se fijó en Juan en la época en la que salía con Manuela.

Algunos amigos de Madrid, me preguntaban qué había en el agua que bebíamos en Barcelona que nos estaba convirtiendo a todos en unos viciosos, porque no era normal que a nuestra edad nos diera por salir del armario, que lo que teníamos encima era mucha tontería, y yo la que más.

Han pasado unos diez años de aquella época. Manuela es una lesbiana convencida que tiene actualmente una novia lindísima. Juan está “no oficialmente” casado con Jose, con el que lleva más de ocho años, y recientemente ha salido con éxito del armario ante sus padres, después de muchos años de fingir otra vida. Juan y Manuela siguen manteniendo una excelente amistad y salen en parejas. Yo no he vuelto a tener ninguna experiencia homosexual, ¡con lo que me gustan a mí los bígaros, los prefiero a las almejas! Pero me pone muchísimo Julianne Moore, Scarlett Johansson o Blanca Suárez. Y Martín lleva muchos años de felicidad a veces agridulce con Ricardo, al que adoro, y con el que espero que se case pronto y que me lleven de madrina.

**

- Ah, no, que me pida matrimonio él a mí ¿no? – respondía Martín al whatsapp.
- ¡Pero si Ricardo es la chica, tienes que arrodillarte tú!
- Sí, pero para comérsela.



martes, 3 de junio de 2014

To shit yourself or not to shit yourself (that's the question)


Las redes sociales, además de la mensajería instantánea, se han convertido en las principales herramientas de comunicación mediante las cuales podemos interactuar con otros sin que importen las barreras físicas de por medio. Si antes se tachaba de frikis a sus usuarios, hoy lo raro es no tener un perfil en al menos una de las múltiples plataformas sociales existentes.

Aunque el oligopolio de las redes sociales lo tienen Facebook y Twitter, buceando por internet he descubierto que hay vida más allá del “me gusta” y de los “trending topics”. Si eres un cerebrito, si tienes una mascota, si te apasiona tricotar, si coleccionas cosas raras, si quieres relacionarte exclusivamente con barbudos, e incluso si quieres aumentarte las tetas y buscas a alguien que te financie la operación, existe un rincón virtual para ti con millones de usuarios esperándote.

Las redes sociales son auténticas minas de información personal, donde el usuario medio tiene visible en su perfil su nombre, fecha de nacimiento, la ciudad en la que vive, el estado civil y alguna foto de sí mismo. Otros sin embargo van más allá y regalan a quien quiera leerlo, todo un rosario de detalles de su vida íntima. Así, hay gente que se atreve a publicar con qué regularidad va al baño, que cuenta cómo es la camisa de flores que va a estrenar el lunes en la oficina, o que nos deleita con el tupper que le ha preparado su parienta; usuarios que muestran fotos de su aparentemente agitada vida social (borracheras incluidas) o de su más tierna infancia cuando llevaba gafas de culo de vaso, aparato, o el pelo cortado “a tazón”; personas que despotrican alegremente sobre el hijoputismo que practica su jefe o que se defecan virtualmente sobre la clase política sin tapujos. Los detalles escabrosos de otros que antes podías tardar años en descubrir, ahora los tienes disponibles en tan sólo un par de minutos a golpe de clic.

Parece ser que el hecho de no tener a nadie delante físicamente cuando compartimos ciertos aspectos de nuestra vida en las redes, nos hace ser más desinhibidos, sentirnos casi invisibles, cuando en realidad lo que publicamos podrá ser visto potencialmente por mucha gente. Lo más grave del asunto es que así como las palabras se las lleva el viento, nuestros comentarios e imágenes, no se los lleva el Wifi, y mucha de esa información quedará ahí para la posteridad.

Quién no ha sucumbido a la tentación de fotografiar la triste tostada que desayuna cada día para colgarla en Instagram; eso sí, le habrá aplicado un filtro vintage, que hará que la tostada luzca deliciosa. Quién no  se ha sentido inspirado alguna vez, y se las ha visto y deseado intentando reducir a 140 caracteres un pensamiento ingenioso para poder publicarlo en Twitter. O quién no ha querido gritar a los cuatro vientos que por fin ha cambiado su estado sentimental y ha decidido dar la noticia en Facebook.

Aquello que publicamos da información sobre nuestros gustos, hábitos, opiniones políticas y religiosas, conocimientos, nuestras alegrías, nuestras penas, nuestras debilidades… Eso sí, elegimos lo que queremos contar, y la mayoría solemos mostrar lo mejor de nosotros mismos, empezando por la foto de nuestro perfil.

Curiosamente a las personas que comparten poco o nada de su vida en las redes sociales, no se las considera discretas, prudentes o sensatas, sino simplemente aburridas, y hoy en día parece que no tener una cuenta en una red social, es no estar en este mundo. Resulta que ser introspectivo no mola, porque la proliferación de todas estas plataformas ha conseguido que creamos que la gente se define por los aspectos de intimidad que muestra a los otros a través de la pantalla del ordenador. La intimidad es tan importante para definir lo que somos, que hay que mostrarla, y ya no hace falta haber hecho algo extraordinario o ser una celebridad para tener derecho a exponer públicamente la propia voz e imagen: toda experiencia resulta valiosa e interesante, aunque sea banal o se cuente trivialmente, como en los reality-shows del estilo Gran Hermano.

Admitámoslo: nos gusta más un cotilleo que al rellano de un portal, porque con el chismorreo se liberan muchas frustraciones. Compartir secretos mundanos con los demás, nos afianza en nuestras relaciones y nos acerca al otro, saciando así esa necesidad que tenemos de vivir conectados con “el mundo” continuamente. Nos encanta exhibir nuestros conocimientos y logros, pero más aún conseguir desviar la atención de los demás sobre nuestras carencias, al fijarnos y sacar a relucir las de otros. Nos gusta poder comparar nuestras vidas con las de los demás, sobre todo si resultamos ganadores.

He leído recientemente un artículo sobre “los 13 tipos de usuarios de Facebook más odiosos”, y creo que soy la número 7, Crípticos: Nadie entiende un bledo lo que postea. Sus actualizaciones de estado suelen componerse de una mezcla de frases de canciones, palabras aleatorias y expresiones en inglés de gramática dudosa. Busca proyectar una imagen enigmática pero no se da cuenta de que, si no estás en su cabeza, su manera de actuar resulta un tanto absurda.

Esa soy yo, ¿pasa algo? Yo sé lo que me digo y por qué lo digo, y muchas veces sólo los interfectos entenderán mis actualizaciones. Otras veces escribo alto y claro, expresando mi opinión sobre  aquellos acontecimientos que me impactan. Y bueno, como mi Facebook y mi Twitter son eso, míos, publico en ellos lo que me da la gana -desde el respeto y de manera responsable- y a quien no le guste, que no mire. Así debiera ser, ¿no?

Pues no: ahora resulta que los políticos pretenden regular las redes sociales y a tomar por culo la libertad de expresión. Ejem…

El señor Enrique Dans, considerado como una de las voces más autorizadas del país en cuestiones de Sistemas de Información, ha escrito un artículo, expresando justo lo que pienso al respecto de esta medida dictatorial, y como le ha quedado muy bonito, copio sus palabras tal cual:

<<La idea de “regular las redes sociales” entronca con una vieja pretensión de la política española reciente: la de “poner bajo control” un medio cuya dinámica se les escapa. Los precedentes que evidencian un papel importante de las redes sociales en la llamada primavera árabe, provocan un miedo general en toda la clase política de todos los países que creen ver aparecer tentativas insurgentes en todo movimiento de protesta que surja apoyado desde la red (…)

Si alguien, al pasar por la calle, nos espeta una barbaridad como algunas de las que se han podido ver o leer recientemente, pensaremos muchas cosas: que es impresentable, maleducado, que tiene un gusto pésimo, una inexistente sensibilidad, o directamente que es despreciable. Intentaremos evitar a esa persona, no compartir nada con ella, considerarla inadaptada para la vida en sociedad… pero salvo que efectivamente haya injuriado, difamado o hecho apología del delito, ahí se quedará la cosa. Si es delito, es delito, y no necesitamos leyes nuevas para definirlo. Si no lo es, si se trata de mala educación, mal gusto o estupidez congénita, tener al ministro de turno respirándonos en la nuca y amenazando con actuar de oficio mientras gruñe que “nos va a regular” no es un clima deseable para un país supuestamente libre.
Es fundamental que dejemos de considerar la red como un lugar o un fenómeno distinto al resto. Que nos olvidemos de llamar “internautas” a los que usan internet, como no llamamos “callenautas” a los que andan por la calle, ni “periodiqueros” a los que leen un periódico. Son, simplemente, personas, ciudadanos normales. En un país en el que el 80% de los ciudadanos utilizan la red regularmente, pretender que los que la usan son diferentes al resto o merecen una regulación especial es sencillamente absurdo, anacrónico.
Las reglas ya están hechas, y se aplican igual a lo que ocurre en la red y fuera de ella. No, no hay nada que regular. Salvo el sentido común del que pretende regularlo y controlarlo todo.>> 

¿Qué es lo siguiente, una figura que venga a arrearnos una colleja cuando estemos en la barra del bar comentando la actualidad para adoctrinarnos? ¿Pero de verdad quieren hacernos creer que las redes sociales son una fuente de expresiones que incentivan el odio, la intolerancia, y que ponen en riesgo la vida de las personas y que por eso hay que censurarlas controlarlas? Por supuesto que no justifico las amenazas de muerte o el celebrar el asesinato de una persona en nombre de la libertad de expresión, que gilipollas hay en todas partes, pero qué quieres que te diga: es que igual que envidio al que cuenta en Facebook que caga cinco veces al día, y no me da por tomarme laxantes para alcanzarle en número de deposiciones diarias, si leo “más tiros en la cabeza delos PPeros”, no me siento incentivada a coger un arma y volarle los sesos a un político. Aquí huele a miedo, y yo no he sido.

El odio hacia los políticos que se respira en las redes y que tanto les irrita, no es más que el reflejo de los aires que recorren nuestro país, y es un aroma hediondo que ellos mismos han provocado. A ellos por cierto habría que recordarles que “somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras”, porque si esto va de “ir a la profe porque me han llamado tonto”, tengo que decir que ellos empezaron primero, así que a la hora de imponer castigos, a ver si la justicia funciona igual de bien para todos. Sería más inteligente que se preocupasen de acabar con los corruptos, de no reírse de los desahuciados y parados, de dejar de recortarnos derechos y de no bloquear la justicia en beneficio propio, que empeñarse en ponerle puertas al campo regulando lo que nos pasa por la cabeza y que nos nos sale de ahí mismo compartir. ¡Si es que estamos pensando y hablando por encima de nuestras posibilidades!

En fin, que creo que a partir de ahora todo lo que escriba lo haré en inglés, porque así no me pillan fijo. Shit yourself, little parrot, and a relaxing café con leche in Plaza Mayor!







martes, 20 de mayo de 2014

Lunes


El pluriempleo, la operación de mi madre y tener que ejercer de su enfermera, o el último desengaño, estaban empezando a pasarme factura, física y emocionalmente. Y de esto que te tomas unas vacaciones para desconectar, y cuando vuelves no sabes cómo volver a enchufarte ni consigues engancharte a nada. Y todo te da un poco igual. Ni ni .

Sirva este post como ejercicio auto-impuesto para ver si soy capaz de hilar más de una frase con cierta coherencia, antes de que salga moho por aquí o me chapen por falta de actividad; pero no deberíais tener demasiado en cuenta esta entrada, no. Se me pasó por la cabeza incluso asomarme por el blog y decir: “Eh, que sigo aquí, que estoy viva, solo que no me brota nada de las teclas”, pero no me apetecía publicar un post de relleno, aunque esta entrada lo sea un poco.

La cosa es que plantearme, me planteo muchas cosas, pero no me sale desarrollarlas. Cosas importantes, pero sobre todo tonterías; como si alguien se preguntará dónde me meto o si se les ha pasado por la cabeza que quizá me quedé en la operación retorno –porque dije que me iba- y jamás regresé. Un pensamiento un poco macabro, lo sé.

Pero me entró algo así como pánico escénico, si es que se puede tener algo de eso por aquí, y no he sido capaz de abrir esta página ni la de ningún otro blog hasta ahora. Si conocierais las consecuencias que trajo el que alguien que no debía llegase hasta aquí, seguramente me entenderíais mejor…

El caso, que sí, que yo he meditado muchas veces sobre la vida después de la muerte; sobre la vida de los otros más bien, después de mi muerte. Y qué dirán, y quién irá a mi entierro, y quién llorará más, o si me sorprendería el dolor de alguien que jamás habría imaginado que pudiera sentir mi pérdida. Y qué pasaría con este blog. 

No sé si será casualidad el hecho de que mi sobrina pequeña, esa que dicen que tanto se parece a mí (sobre todo en lo que a su carácter se refiere), tuviera una pesadilla hace días de la que despertó llorando preguntándole a su madre “si cuando te morías, te morías sólo”, y entre lágrimas mi sobrina dijo que ella no se quería morir sola.

Sola. Sola. Sola…

Me ha costado unos cuantos años asumir y aceptar mi condición de soltera, de estar sola. Aprender a ser medianamente feliz sin tener una pareja con quien compartir el día a día. Que sí, que todos tenemos amigos y familia y estar soltero “teóricamente” no significa estar solo, pero cuando acaba el día, sí estás sola, con todos tus pensamientos. Y no me preocupaba nada de esto hasta que me ha dado por pensar en mi muerte, y en el paso previo por la vejez. 

Supongo que este peculiar run-run tiene bastante que ver con el hecho de haber estado cuidando a mi madre. Me acuerdo de mi abuela, que en su última noche, sentía vergüenza porque yo tuviera que limpiarle el culo. “Abuela, anda que no me habrás limpiado el culo a mí de pequeña, ahora me toca a mí, ley de vida” – le decía yo. “Pasar por estas miserias no tendría que ser ley de vida” – se quejaba ella.

Un amigo me preguntaba si no me sentía violenta por tener que hacer algo así, que a él le cortaría verles a sus padres sus partes pudientes y tener que meter la mano ahí. Lo cierto es que a mí no me ha incomodado en absoluto; creo que seguramente para mi madre ha debido ser todo esto más molesto que para mí. Esa no debiera ser quizá ley de vida, pero qué afortunados son los que pueden tener a alguien tan cercano y que les quiere para cuidarlos cuando no pueden valerse por sí mismos. ¿Y qué pasará si para entonces yo sigo sola?

He llegado a la conclusión de que no quiero llegar a la vejez sola. Ya no me preocupa tanto qué pensarán los demás cuando me muera; creo que ponerle remedio al asunto de la soledad, es mucho más importante. "O te casas con quien sea, o tienes un hijo al que harás tu esclavo, o amaestras a 40 gatitos para que sean capaz de cuidarte" - he pensado.

Mi madre me ha sugerido que mejor me vaya camelando a mi sobrina, y me ha dado algunos trucos de abuela para ganármela. Pero yo me he negado en rotundo: si me tiene que querer, que me quiera tal cual soy, sin estrategias.

Y por eso estoy soltera. Y por eso acabaré sola. Y bueno… 

A mis 38 años me doy cuenta de que a pocas cosas puedo comprometerme; cada vez menos. Ni si quiera a este blog, que tengo tan abandonado. 

Iré paso a paso. Me voy a poner a dieta de pensamientos negativos, de personas destructivas, de lo que me quita la sonrisa o lo que perturba mi sueño. Y he empezado hoy que es lunes. Luego ya veremos.



No quisiera prometer nada, pero este podría ser un nuevo comienzo.

(Ya falta menos para que llegue el 16 de julio ¿no?)

lunes, 14 de abril de 2014

Domingo de Nabos


El otro día leí que la Delegación del Gobierno ha prohibido por cuarta vez consecutiva, la celebración de la denominada “Marcha Atea” (más conocida popularmente como la “Procesión Atea” a pesar de la incongruencia de su nombre) que – convocada por la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores y por una asociación vecinal -, pretendía discurrir en Jueves Santo por las calles de Lavapiés con el fin de “sensibilizar a la población sobre el derecho constitucional de libertad de manifestación, libertad de expresión y la obligatoriedad de que las instituciones protejan la aconfesionalidad del Estado”, exigiendo de paso que se devuelva a los ciudadanos la Mezquita de Córdoba. 

Y vi que había gente que se indignaba ante la negativa del Gobierno a permitir una marcha “tan graciosa e inofensiva”, “un simple acto lúdico reivindicativo”, porque la prohibición evidenciaba el doble rasero que política y justicia aplican sobre las libertades de la sociedad española, así como el poder que aún ejerce la Iglesia en nuestro país; mientras que para otros resultaba una terrible ofensa, un delito contra los fieles. Y una persona comentaba sabiamente: “Móntate una manifestación atea en Afganistán, y a ser posible durante el Ramadán, ¿a que no hay huevos?”. Y pienso que el tipo tiene más razón que un santo, que mira que soy atea, pero lo de estas asociaciones son ganas de tocar los huevos… de Pascua. 

Todo el mundo debería poder tener el derecho de expresar cuáles son sus creencias libremente, sin verse limitado porque alguien pudiera sentirse ofendido ante dichas creencias; e incluso deberíamos tener derecho de burlarnos o de criticar a los que piensan distinto si nos diera la gana. Pero resulta que – nos guste o no - ofender la sensibilidad o creencia religiosa de alguien, utilizando mofas, insultos, burlas, etc., está tipificado como delito en el Código Penal. Y además me pregunto yo que dónde queda el respeto. ¿Acaso estas asociaciones no pueden esperarse a otra época del año para expresarse? Parece algo así como culo veo-culo quiero, y si me quiero manifestar en Jueves Santo, por mis cojones lo hago, que yo también tengo mi derecho a hacerlo ese día.

Que sí, que puedo entender que haya a quien le pueda resultar terrible y chirriante soportar una Semana Santa con la señora que llora emocionada ante el Paso de su Cristo, la otra con la mirada bizca de éxtasis que no sabes si es que le va a dar algo, el de la saeta que no acaba de arrancarse y que se queda media hora en el “ay ay ay”, y así; el que se fustiga de motu propio, el mocetón que lleva todo el año preparándose para el solemne momento de arrastrar la cruz de tropecientos kilos, descalzo, y cuanto más sufra mejor. Las peinetas, las mantillas y el olor a naftalina; la gitana que te tima con el ramo de olivo y ni te cuento lo que te sablea por las palmas esas que luego no sabes dónde ponerlas. Y qué decir de los capirotes, el terror de muchos niños (que yo de pequeña creí que eran los del Ku Klux Klan). Y ahora los miro y pienso que teniendo en cuenta la legislación en vigor, la cual prohíbe manifestarse con los rostros cubiertos, pudieran estar cometiendo un flagrante delito que no sé por qué me suena mucho. Claro, que los católicos no son ni anarquistas, ni antisistema, ni radicales, ni perroflautas; aunque de sus filas hayan salido pederastas, ladrones, políticos embusteros o dictadores asesinos… Bueno, sí, entiendo que haya a quien le pueda joder un poco la Semana Santa y se plantee tocar un poco las narices en estas fechas, pero ¡un poquito de por favor!

Es que en Sevilla, la Confederación General de Trabajadores protestó con una procesión en la que sacaron a la calle al “Coño Insumiso” vestido de Virgen, y un ataúd donde se hallaban los derechos sociales y laborales de los trabajadores, obra pensada por la Anarcofradía del Santísimo Coño Insumiso y el Santo Entierro de los Derechos Sociolaborales. Así, con un par. Y en Málaga en 2013 en la procesión del “Santísimo Coño Insumiso”, llevaron a hombros al “Santísimo Chumino Rebelde” desde la plaza de la Constitución hasta la Catedral de Málaga, para leer eso sí, un manifiesto contra la reforma del aborto, la violencia machista y la “segregación sexual en los colegios”. Y me río por lo bajini, porque hay que reconocer que los nombres de las cofradías tienen su gracia, pero me parece un poquito heavy y ganas de joder la marrana. 

Para quien no comulgue con este rollo, escapar del espectáculo católico es prácticamente imposible. Pero hay que tener en cuenta que la Semana Santa abarca mucho más que un acto religioso; también refleja arte, tradiciones antropológicas, días de descanso, de ponerte ciego a torrijas, de reuniones familiares, de escapadas con amigos, de dormir la siesta con el run-run de las películas de siempre de romanos… Dejemos la fiesta en paz entonces, ¿no? ¿No sería mejor organizar si acaso una Anti-Semana Santa en junio, por ejemplo, y así tenemos más días de esparcimiento? ¿Para qué aglutinar entonces todo ahora, hombreeee yaaa?


Ay sí, la Semana Santa. Y poder escaparte a la playa. Y maldecir el santoral completo porque la semana previa siempre hace un tiempo estupendo y ya te ves volviendo a Madrid habiendo cambiado tu blanco nuclear por un rosa cerdito muy poco favorecedor, pero que es una prueba irrefutable de que pudiste aposentar tu culo en la arena de la playa (y de que te torraste). El día que llegas a tu destino junto al mar, empieza a levantarse la brumilla, y miras al cielo buscando las estrellas y ves tres o cuatro y piensas que escampará. A la mañana siguiente te pones emocionada el bikini, subes la persiana y está todo nublado. - ¡Esto despeja, esto despeja, vamos a coger sitio en la playa! Y el cielo cada vez se pone más negro. Te vas al chiriguito un rato, te tomas una cervecita y a modo brunch te metes entre pecho y espalda, una hamburguesaza grasienta porque no has desayunado. Entonces empiezan a caer las primeras gotas de lluvia, y piensas que igual es un castigo divino, porque quizá deberías estar en el pueblo flagelándote y de penitencia que es lo que toca, y no intentando tentar a un Don Lorenzo tímido con tu cuerpo serrano. Para colmo caes en la cuenta de has comido carne. ¡Ahhh, pecadoraaaaa! Y te entra así como cargo de  conciencia, aún siendo atea. A ver si va a estar Dios llorando la muerte de su hijo y tú ahí haciendo el mal.

A todo esto, en el impasse este de si se nublaba o salía el sol, no te echaste crema confiada de que no picaba, pero te quemaste como si fueras una guiri, quedándote eso sí la marca del tirante mal puesto, de las gafas de sol, de la coleta, y de las chanclas, dándote un aspecto de lo más anti-mórbido. ¡Oh, sí! Así que te pasas las vacaciones bajo agua (pero no al remojo de la mar salada como tú esperabas), sufriendo por las quemaduras, y al final, resulta que la penitencia la acabas haciendo tú también irremediablemente, pero a tu manera. 

Sí, la lluvia y la interrupción de las procesiones por culpa de esta, son también tradición. Mi madre dice que lo del mal tiempo es por la influencia de la luna, y siento llevarle la contraria, pero dicen los meteorólogos que no tiene nada que ver, porque no hay argumentación científica a la creencia de que la luna llena atraiga las lluvias (que digo yo además que hay luna llena cada 28 días y no llueve tan a menudo); y lo achacan a la inestabilidad propia de la primavera. Pero el caso es que en otras épocas del año son capaces de darte previsiones a 15 días vista, pero en Semana Santa los meteorólogos “no se mojan” hasta un par de días antes, y dicen que sí, que todo puede ser, que seguro que hace bueno; si acaso un chaparroncillo, pero lo normal por estas fechas. Pero siempre acaba haciendo un tiempo de mierda los días de fiesta. Hay quien dice que lo de que nos vendan que hará buen tiempo, es un complot del Gobierno para no ahuyentar a los turistas. Yo ya me lo creo todo. ZP seguro que está en el ajo también, el pobre. El caso, que yo no recuerdo una buena Semana Santa desde hace mucho tiempo. A ver a ver…

Ya me gustaría a mí creer en una deidad que pudiera reconfortarme; además no me gustan las aglomeraciones, y algunas procesiones me siguen dando repeluco. Pero creo que burlarse de la Semana Santa en Semana Santa, es una patochada.

Lo que sí que tiene que ser divertido es una procesión como el “Kanamara Matsuri” (literalmente “festival del falo de metal”), que se celebra a principios de abril en la ciudad japonesa de Kawasaki. Sacan en procesión tres cimbreles: el primero es un pene negro reluciente, encasquetado dentro de un barco de madera. El segundo es una polla rosa modelo “achampiñoná”, quizá más realista que el cipote negro. La última es una verga de madera, de complexión más bien gorda y corta, modelo "yema esparraguina". La procesión “sirve para todo” y a ella acuden tanto chicas que buscan novio, parejas de recién casados, hombres de negocios que desean prosperidad para sus empresas, o turistas de todo el mundo. Y allí se montan la romería con todo un merchandising fálico. Japonesas vestidas de sacerdotisas sosteniendo un falo enorme, desfiles de penes gigantes en carrozas como si fuera el Orgullo Gay, niños divirtiéndose en columpios con forma de trancas descomunales, y ¡todo el mundo chupando símiles de miembros viriles: caramelos, salchichas, helados! Su Domingo de Ramos deben conocerlo como el Domingo de Nabos. ¡Y que viva la Pepa!

En fin. Como atea medianamente inteligente, voy a aprovechar mis merecidísimos días de descanso, saliendo de Madrid y desconectando de todo y de todos, que falta me hace. A cargar las pilas, que el pluriempleo y los últimos acontecimientos me estaban empezando a pasar factura, y que sea "lo que Dios quiera". ¡Nos leemos a la vuelta!

lunes, 31 de marzo de 2014

And the winner is...



Bueno, pues el jurado de los “Premios 20Blogs” ya ha deliberado (que me pregunto cómo lo habrá hecho para leerse más de 6000 blogs, ejem, ejem) y tristemente - pero por otro lado como cabía de esperar-, este blog no está entre los finalistas escogidos.

Aprovecho la ocasión para agradecer a las 28 personas que superaron con éxito la gincana de registrarse, buscar mi blog y votarlo, porque no era moco de pavo conseguirlo y no morir en el intento o la desesperación. Entre esas personas me encuentro yo misma, pero aclararé que es porque tuve que registrar a mi madre, ya que es una negada con las tecnologías y de mi se fía (y se quedó tranquila cuando le dije que "blogs preferidos" nada tenía que ver con las preferentes), y a mi sobrino de un año; que aquí tampoco hubo trampa ni coacción alguna, porque estoy segura de que los sonidos guturales que emitió ante la pregunta "¿Te parece bien que te registre con el email de la empresa de tu padre?", significaban que vale, que me daba mi voto.

Apesadumbrada me hallo no obstante, que ya estaba yo preparando mi discurso por si me otorgaban el premio y rompiéndome el cerebro con los agradecimientos, pensando modelito que ponerme y pidiendo cita para ir a teñirme las canas, cagándome por la idea de tener que empezar de nuevo el ayuno con la nazi-dieta del sirope de savia de arce - porque a estas cosas hay que ir divina -, y habiendo decidido que mi acompañante sería mi perro; vestido con frac, eso sí, que da como mucho glamour luego en el photocall. Habría colgado aquí un selfie seguro, que ahora se lleva. (Auto-foto, ¡coño!).

Pero me he dicho: mira que eres boba, Rita, si te otorgaron hace tiempo tu segundo Liebster Award y no le has hecho ni caso, que eres una desconsiderada. Que te debes a tus fans, y éste te lo otorgó uno de ellos; Pilar, de Abalorios, que ahora ha decidido tomarse un descanso, pero a la que esperamos los que la seguimos con muchas ganas de leer de nuevo su crítica a la política de nuestro desgobierno, y a la que os invito a seguir.

Ains, cómo soy, es que la fama me ciega, y el “efecto blogger” últimamente me tiene anonadada. No sé si me alucina más que me esté leyendo mi familia, un chino, otro de la Selva Negra como dicen las estadísticas, exs, igual hasta las exs de los exs, gente que ha inspirado alguna de mis entradas sin ellos saberlo, o que alguien me llegue a recomendar mi propio blog sin saber que soy yo la que lo escribe. Todo puede pasar.



Vaya por delante que seré una peasso de procastinadora, pero también una mujer de palabra, y a Pilar se la di cuando pensó en mí como merecedora de este premio. Y es que el premio tiene truco, y consiste en contestar a unas preguntas encadenadas, para así darnos a conocer a nuestros lectores. Mi “mentora” en cambio quiso darle la vuelta al reto y nos pidió a los nominados que nos definiéramos en 11 palabras en vez de responder a esas preguntas. Así que como interés por el retraso en escribir esta entrada, querida Pilar, te pagaré no sólo con esa definición (ups, que no veas si me ha costado), sino también respondiendo a las preguntas originales.

C’EST MOI: intensa, sensible, tierna, borde, sincera, con carácter, cabezota (a veces), organizada, generosa, dialogante, obsesiva (me estoy quitando).

LA ENTREVISTA:
  
¿Qué le dirías a Rajoy si pudieras entrevistarte con él por 10 minutos?

Diez minutos son pocos para cantarle las cuarenta y demasiado tiempo para él sin un guión ni una pantalla de plasma de por medio. No me extrañaría que saliese huyendo y no tuviera lugar tal entrevista; es a lo que nos ha acostumbrado. De hecho me repugna tanto que casi sería mejor que no hubiera un cara a cara, no sea que la idiotez sea contagiosa.


¿Eres más "animal diurno" o "animal nocturno"?

Depende de para qué: a la hora de escribir, la musa me suele visitar de noche, especialmente cuando estoy en la cama intentando conciliar el sueño. Será porque procuro ordenar las ideas y hacer examen de conciencia cuando me voy a la cama. Para todo lo demás, diurno, y para más detalles, diré que antes de la hora de comer. Después me entra una pachorra que no hay quien me mueva ni me saque de mi cueva.

¿Último libro que has leído?

Desde hace tiempo necesito mucha concentración y silencio para leer. Así que tengo empezados tres: “Juego de Tronos: Canción de Hielo y Fuego” de George Martin, “El albergue de las mujeres tristes” de Marcela Serrano, y “El contenido del silencio” de Lucía Etxebarría, pero creo que voy a abandonar los tres por coñazos (y porque llevo más de un año sin ganas de continuarlos y perdiendo constantemente el hilo) y voy a empezar con “El libro de las ilusiones” de Paul Auster que me trajeron los Reyes Magos. Tengo que decir que me pesa muchísimo ser una pésima y vaga lectora. Pero al menos he leído más que Tamara.

¿Eres de l@s personas que bailan con solo oír un pito?

Sólo en la intimidad o a consecuencia de una buena tajá; pero entre nosotros: bailo que te cagas, sobre todo el estilo “zorra”, solo que me da vergüenza hacerlo estando sobria.

¿Cuál es el alimento, plato o comida que por mucho que has intentado no has conseguido tragar un minúsculo trozo?

Lo he intentado infinidad de veces con la familia de los gomosos. A saber: sepia, calamares, chipirones, pulpo, mejillones… Es cuestión de la textura, los he comido, pero no me gustan y si puedo los envolveré delicadamente en la servilleta en un descuido de los comensales. Eso sí; no pienso hacer el esfuerzo de probar las ostras, la casquería o los insectos.

¿Qué serie prefieres: "Amar en tiempos revueltos" o "Big Bang Theory"?

No he visto ni una ni otra, pero si me obligan a elegir, apuesto por la segunda seguro.

¿Cuál es la que consideras mejor experiencia de tu vida?

No sabría quedarme con una sola. Si algo tiene de bueno el ser demasiado sensible, es que todo se vive con más intensidad, tanto lo bueno como lo malo. Escojo sobre todo experiencias vividas en conciertos, el nacimiento de mis sobrinos y “notar” que me quieren, la paz que sentí al estar junto a mi abuela el día que murió por todo lo que nos pudimos decir, cuando mi mejor amigo me regaló a mi perro Indo, la despedida de soltera y posterior boda de mi amiga Marta y el amor de maris de esos días, la fiesta del 60 cumpleaños de mi madre, o los subidones de adrenalina cuando estoy en el atril.

¿Y la peor?

Muchas. Y cada una de las vividas las he creído peor que ninguna otra. No haberme querido durante mucho tiempo, o haber sido la pareja de un alcohólico durante tres años, desde luego fueron unas de las peores elecciones que tomé en la vida.

¿Qué canción crees que sería la banda sonora de tu vida?

Es que vivo cantando, hey! Vivo soñando, hey! Así que elegir una sola es imposible. Cada canción tiene su espacio y su momento. Ahora me viene a la mente “Somebody” de Depeche Mode, porque ya toca encontrar por fin a ese alguien que me quiera de verdad.

¿Qué te arrepientes de no haber hecho?

De no haber estudiado canto de pequeña, de no haberle puesto todo el empeño que requería a mi profesión (aunque le puse muchísimo). Me faltó más fuerza, constancia y suerte.

¿Has sido sincer@ al contestar las preguntas anteriores?

Totalmente. ¿Acaso las sinceridades no forman parte del título de mi blog?


Ahora según las reglas del premio, puedo regalarlo a otros once Blogs, que para recogerlo deben contestar a once nuevas preguntas, pero estoy perezosa y aunque hacen ilusión estas muestras de cariño, entiendo que haya gente a la que le pueda parecer un compromiso, por eso invito a quien quiera a auto-nominarse para “desnudarse” un poco. ¡Pero hacédmelo saber, que como maruja de pro, os quiero leer!


¿Te animas, Dorotea Hyde?