jueves, 7 de marzo de 2013

Todo vale



Como princesa solterona cansada de buscar a mi príncipe azul, y encabronada por no encontrar más que sapos o plebeyos marronáceos, no sólo culpo a Disney y a una narrativa infantil asquerosamente optimista de mis erróneas expectativas sobre el amor y las relaciones, sino también a la revista “Nuevo Vale” y a sus consultorios.



La extinta “Nuevo Vale”, lanzada por primera vez en 1979 y que se editó semanalmente hasta febrero del 2012, era una revista de cotilleos de aire desenfadado dirigida a un público post-adolescente en la que entre faltas de ortografía, cero rigor periodístico, anglicismos innecesarios (hot, super, cool, petting…), o un abuso de los signos de admiración que te hacía pensar que todo estaba escrito por una histérica, intercalaban artículos en los que el sexo siempre aparecía de manera más o menos soterrada;  además de testimonios supuestamente reales sobre los primeros besos, la pérdida de la virginidad, las peleas con las amigas por culpa de un tío, o los amores que se truncaban y que siempre se conseguían enderezar gracias a un gran polvo. En sus páginas,  expertos de dudosa profesionalidad respondían a las consultas del lector que siempre giraban en torno a la misma temática (¡sexo, sexo, sexo!), y con sus consejos –incitando siempre a las chicas a ser más extrovertidas y lanzadas y a dar el primer paso- nos dirigían a las mocitas a obviar el amor o el cariño para centrarnos en el sexo, transformándonos en putones verbeneros.
Esta revista no era mala, ¡era peor! Pero cómo me gustaba…
A pesar de no estar recomendada a menores de 18 años, su contenido y su lenguaje hacía entrever que sí que estaba dirigida a ese público, y para las jovencitas curiosas y más salidas que el pico de una mesa que ansiábamos saber, la revista venía a ser el gran tratado de amor y sexo de la época que te contaba con pelos y señales todo aquello que no supieron explicarte ni tus padres ni tus profesores.
En definitiva: si los cuentos y las películas de Disney han interferido en nuestros sueños haciéndonos buscar a seres casi perfectos, fuertes, guapos, cultos, sensibles y simpáticos (Superhéroes del equilibrismo); la revista “Nuevo Vale” nos vino a explicar que el sexo lleva al amor, y que practicarlo es la forma más idónea de su expresión, convenciéndote de que de joven tu única meta había de ser follar como conejos. De hecho creo que ellos inventaron eso de “si no follas, ¿de qué vives gilipollas?”
Entre sus secciones estrella se encontraban “Mi primera vez”, “Mi gran desmadre”, “Qué hubiera pasado si…”, “La postura del mes” o el “Horóscopo”; amén del consultorio sobre sexualidad que englobaba artículos en torno al tema con títulos como “Ponlo a mil”, “Ellos hablan” o “Super hot”.
Como no podía ser de otra manera, el “Horóscopo” no era sólo una predicción semanal sobre salud, amor, trabajo o familia; sino que te informaba de trucos sexuales acordes a tu signo del zodiaco, de las claves para seducir a otros, o de tu compatibilidad -en la cama por supuesto- con el resto de los signos; tratado todo ello con un lenguaje simplón e infantil y por supuesto, rematando cada predicción con un consejo entre exclamaciones: “La luna en tránsito por los Sagi va a traeros un poco de mal rollo a los Leo. Seguramente alucinéis con las movidas que vais a protagonizar, ¡¡¡intenta montártelo guay para evitar los enfados con tus colegas!!!”
Resultaba sospechoso el hecho de que todos los relatos remitidos por las lectoras parecían redactados con el mismo estilo, siguiendo una estructura idéntica y utilizando un lenguaje similar. Curiosamente, y con la cantidad de sinónimos y eufemismos que hay para dirigirse a las partes pudientes, siempre se referían a las de ellas como “mi sexo” y a las de ellos como “el miembro”: “abrí mi sexo para sentir el ímpetu de su miembro penetrándome”. Que digo yo que ya podían haberle pedido ayuda a Leonardo Dantés en la búsqueda de sinónimos, porque no cuela que todas fueran tan finas y cultas pero limitadas.
Las historias de “Mi primera vez” seguían todas el mismo patrón: impúber generalmente fea y tontaina que se quedaba sola en casa y aprovecha la ocasión para perder la virginidad con el tróspido de su novio; o inconsciente que sin saber cómo ni por qué, o por eso de los efluvios del alcohol, acababa perdiendo su flor con el tío más bueno de la discoteca o del instituto en el lugar más insospechado. Y ya  fuera en una cama con pétalos de rosas o en el rincón más incómodo e insalubre, siempre se desarrollaba todo de una manera maravillosa y nada traumática y ambos conseguían llegar al orgasmo. Perdón, al clímax.
En “Mi gran desmadre”, las lectoras explicaban sin pudor alguno experiencias sexuales subiditas de tono al más puro estilo de E.L. James, pero en sus historias, siempre metían disimuladamente el tema de los anticonceptivos (que siempre eran condones, nadie tomaba la píldora): “en ese momento de pasión enloquecida tuve que frenarme para sacar un condón del bolso”. Y chirriaba que tuvieran tanta cabeza para unas cosas y tan poca para otras. Pero estos relatos confieso que me ponían.
“Qué hubiera pasado si…” era un dramón que la autora decidía compartir pensando que su historia podría ayudar a otras chicas que estuviesen pasando por un trance similar, y pretendía adoctrinarte sobre el terrible futuro que te espera si tomas decisiones equivocadas. Pero a pesar de drogas, maltratos, incestos u otras barbaridades, siempre aparecía un hombre maravilloso que te devolvía al buen camino. Por supuesto siempre que podían también te colaban alguna referencia “inocente” al sexo, pero que te hacía pensar que los protagonistas desde luego no iban a perder el viaje: “Juan empezó a lamer lentamente mis lágrimas, y no pude evitar estremecerme y…”
Sin duda alguna, mis secciones favoritas eran la del consultorio y la de los consejos, algunos de los cuales se me han quedado grabados (y/o he practicado).
En el consultorio las lectoras planteaban dudas a cuál más bizarra: ¿Puedo quedarme embarazada si me lo trago? Estoy a dieta, ¿el semen engorda? ¿Es malo masturbarse? ¿Es verdad que si antes de la penetración pasas los testículos por agua fría los espermatozoides no querrán salir? ¿Es normal sentir un orgasmo la primera vez? ¿Tengo que negarme si me pide sexo anal? Y la reacción de los “expertos” a las dudas sobre llevar o no a cabo ciertas prácticas, siempre era la de animar a las chatinas a ceder ante las peticiones de su pareja. “Anda tonta, relájate y disfruta, que te va a gustar, y sobre todo piensa en lo feliz que le vas a hacer a él” – parecía decir el experto que claramente era un hombre, aunque para despistar firmase con nombre de mujer.
De los consejos recuerdo lo de comerse un caramelo de menta antes de hacer una felación para que el chico sientiera el frescor en su glande: ¡¡¡le pondrá a tope!!! O lo del coito bucal, que te imaginabas cualquier cosa y no era más que un beso de tornillo perfeccionado, pero te animaban con un ¡¡¡es super hot!!! y te lo creías y te ponías manos a la obra. O lo de rodear la base del pene con un collar de cuentas y deslizarlo de arriba abajo: ¡¡¡le dejarás KO!!!... pues seguramente, si le pillas los pelillos. O lo de alternar buches de agua caliente y de algo helado en plena mamada, practicando una de mosqueo y de corta rollos a partes iguales.
Tengo que admitir que esta revista me hizo pasar momentos memorables de grandes carcajadas; recuerdo los veraneos con mi prima en los que nos comprábamos la revista y nos pasábamos la tarde en la playa haciendo lecturas dramatizadas de los relatos y alucinando con cada historia.
Y si "Nuevo Vale" era fuerte, telita con su predecesora "Vale". Y como muestra, un botón:


13 comentarios:

  1. La revista no iba dirigida a los chicos, de acuerdo, pero en mi condición de gayer, como a ti te gusta decir, me imaginaba a todos esos hombres maravillosos, y me encantaba leer la revista, además, te echabas unas risas fantásticas con ella.



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    1. Es cierto, los relatos y las consultas siempre los escribían las chicas, que éramos las que comprábamos la revista, pero vosotros siempre os conseguíais hacer con ella y tengo varios amigos que confiesan que se ponían muy cachondos con sus historias (sin ser necesariamente gays). Era como la versión light del Interviu. Yo recuerdo que a mí me producía más guasa que otra cosa, con una mezcla de estupefacción por lo que leía.

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    2. Y sobre todo, y por encima de todo, muchas risas, muchísimas

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    3. Sexo y risas, una combinación fantástica. Casi comparable a la de vino y queso. Ñam!

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  2. Leí "Superhéroes" y "Mi primera vez" y pensé que la cosa iba conmigo pero he visto que no, de cualquier forma hace mucho de aquello, igual que de mis revistas juveniles algo más inocentes, como el Super Pop.

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    1. Disculpa, pero no entiendo bien si lo que me quieres decir es que este blog no va contigo o que creías que escribía sobre ti.¿¿??

      Pues no te digo nada si te confieso que mi revista favorita de la adolescencia era una que se llamaba "Fangoria", que hablaba de gore, sangre, vísceras y efectos especiales. Es que fui un poco oscura. Bueno, y en cierto modo lo sigo siendo. Yo de inocente, poco.

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  3. Tiro un euro esloveno al aire7 de marzo de 2013, 19:37

    ¡Qué oscura y poco inocente eres, madre mia!!!!!!

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    1. Pues sí... igual acabo contando por aquí algunas oscuridades...pero oscuridades de verdad.

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  4. Recuerdo una noche de borrachera que acabamos durmiendo en casa de una amiga que tenía decenas de estas revistas guardadas. Pocas veces me he reído más en mi vida que leyendo lo sexy que puede resultar ser comerse unas natillas esparcidas por los senos... Alucinante.

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    1. Jajaja, "senos"... ¿Y sólo leisteis o qué? :-P

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  5. Jo, ahora me ha entrado curiosidad por lo de las "oscuridades".

    Recuerdo la revista porque por aquella época mis padres tenían un quiosco que aparte de facilitar varios cólicos por sobreingestión de chuces, me permitía leer todas las revistas que aparecían en el mercado y claro, a mí esas historias que contaban digamos que me llamaban la atención, aunque eran algo parecido a lo de rellenar el horóscopo; con los mismos ingredientes iban hilvanando una detrás de otra y había que tener bastante fe para creértelas. Además, las chicas que me rodeaban no habían leído algunas de esas secciones lo suficiente como para que tuvieran algún efecto visible sobre su conducta sexual (al menos que yo supiera, ahora que lo pienso).

    El cambio es tremendo. Los otros días vi en un quiosco el LIB y me pareció, en cambio, que seguía igual.

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    1. Ya llegará lo de las oscuridades... es que fue allá por el pleistoceno.

      Oh, qué envidia lo del quiosco, siempre he pensado que sería genial poder leer de todo y tener acceso un privilegiado a las colecciones y a los regalos, jajaja

      Que conste que aunque leía la revista, yo era una pava. De hecho precísamente por la revista pensaba que mi "flor" no se la iba a regalar a cualquiera y que con el elegido me casaría y tendría hijos. Alma de cántaro...

      Ahora me dejas con la duda, ¿qué es el LIB?

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  6. Una revista de la época del Vale, pero más explícita, bastante más.

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