lunes, 21 de enero de 2013

Glen Hansard: Rhythm and repose

Nunca he entendido de etiquetas ni banderas. A mí lo que me mueve es la pasión, las emociones y los sentimientos, y lo mío con Glen Hansard fue amor a primera vista, no sólo por su barba.
Como mucha gente, llegué a él gracias a "Once", una sencilla película que habla sobre dos seres imperfectos, aparentemente dos perdedores (él músico callejero y ella una vendedora de flores inmigrante) que se encuentran y conocen gracias a su amor por la música, una pasión que va más allá de la pantalla y que consigue tocarte. Habla de dos corazones rotos, de la cautela provocada por el desengaño, de tomar decisiones en momentos importantes, de aprovechar las oportunidades para lanzarse al vacío y olvidarse del miedo a lo que pueda pasar. Cuando se agotan las palabras, la historia sigue su discurso a través de las canciones. Glen Hansard y Marketa Irglová, que protagonizan la cinta, no son actores, sino músicos, pero consiguen enganchar con su naturalidad y su espontaneidad, y resulta increíble que a pesar de ser una película de pequeño presupuesto (apenas 10.000 euros) y baja taquilla, lograsen que uno de los temas de su banda sonora, “Falling Slowly” se llevara el Oscar en 2008 a la mejor canción. “Hagamos arte”, dijeron en su discurso, “lucha por tus sueños, sin importar lo grandes que sean”. Y esa es precisamente la premisa que siguieron y les hizo grandes.
El Glen real no fue un buen estudiante, pero tenía claro que quería dedicarse a la música y ser recordado por sus composiciones e interpretaciones musicales. Con 13 años, un profesor le entregó una guitarra, y le propuso el reto de marcharse Dublín para intentarlo, con la condición de que no volviera en un año. Si en ese periodo conseguía sobrevivir, nadie pondría en duda su compromiso con la música. Él no se lo pensó dos veces y siguió su sueño, y hoy, casi 30 años más tarde, sigue dedicándose a lo que ama. Y sigue llevando consigo aquella vieja y rota guitarra que le acompañaba en sus días de músico callejero. El propio Glen explicó en uno de sus conciertos en Japón, que el representante de las guitarras Takamine, el modelo de la guitarra de la que no se despega, quiso entregarle una nueva, pero él no quiso aceptarla porque esa guitarra representa dónde y cómo empezó en la música.
Cuando vi “Once”, tuve la sensación de haber dado con una pequeña delicatesen que no mucha gente iba a saber apreciar. Después de enamorarme de su banda sonora, comenzó mi labor de investigación sobre la vida y la música de Glen; y es que si algo me gusta, puedo volverme muy obsesiva, hasta el punto de tener una sensación de complicidad y empatía con él, como si le conociera de toda la vida. No sé si mi madre o mis amigas le darían el visto bueno, al menos a un té se que le invitarían, pero yo siento verdadera devoción por Glen Hansard, a pesar de su sello en el meñique ;-)
Tras más de 20 años de carrera alternando sus trabajos con "The Frames" y "The Swell Season",  por fin se decide a lanzar su primer proyecto en solitario, “Rhythm and repose”, que lleva varios días sonando en mi casa en modo loop como preludio de su próximo concierto. I can’t wait!!!



Si ya habías escuchado alguno de sus trabajos, puede que “Rhythm and repose” no te resulte algo muy arriesgado: siguen siendo canciones con un toque folk melancólico sobre el amor y el desamor, sobre la vida misma, pero con el mismo rigor y calidad de siempre donde su voz predomina por encima de todo. Esa voz cálida que a partes iguales puede adormecerte, excitarte o partirte el alma en dos con sus quiebros desgarrados. Vamos, que si no te pone la piel de gallina es que estás muerto.
Es un álbum para escuchar en una tarde de lluvia como hoy, y dejarse atrapar por la morriña, pero sin el miedo a deprimirse o a encontrar un motivo más para plantearte acabar con tu existencia. La vida a veces duele, sí, pero si duele es que estás vivo, y esa es la sensación que transmiten sus canciones. Sus letras te dicen que no hay que temer al fracaso, sino aprender de cada tropiezo para encontrar la fuerza para luchar y tomar la determinación de que mañana será otro día. Su título lo dice todo, pero quizá tiene más que ver con el reposo y la tranquilidad que da la madurez de haber pasado por ciertas experiencias, que con el ritmo y la alegría de un nuevo comienzo.
Arranca el disco con “You will become”, una canción que bien podría haber sido un tema más de la banda sonora de “Once”, y no sólo porque cuente con la colaboración de Marketa Irglová. Aunque suene a canción de amor, al parecer está dedicada a sus hermanos pequeños y a lo prometedor de la juventud.
Acompañado de nuevo de Marketa Irglová, “Maybe not tonight” tiene un regustillo de una canción folk-rock de los 60 a lo Harry Nilsson,  te invita a un último baile con tu amante, con la que sabes que no tienes futuro y con la que quieres hacer las cosas bien, pero con la que quieres aprovechar y estirar esos últimos instantes.
Hannah Cohen acompaña en los coros de “Talking with the wolves”, demostrando que al igual que con Marketa, dos voces que son el contrapunto una de otra pueden empastar deliciosamente. Por sus bases rítmicas y su melodía pegadiza, es quizá la canción más pop de todo el recopilatorio.
“High hope” es de esas canciones de gallina de piel en la que muestra todo su potencial vocal. Tras una introducción en la que se pregunta por qué uno tiene que perder todo para averiguar lo que quiere, coge carrerilla para gritar con euforia al más puro estilo góspel, que mientras tu corazón sea fuerte, puedes seguir adelante.
Saca el pañuelito, porque “Bird of sorrow” es una de esas baladas en las que vuelve al dramatismo guiado por la melancolía del piano y de los arreglos de cuerda, una canción que va creciendo y creciendo con un Hansard casi desesperado que en plan catarsis te grita desgarradamente que el amor va a encontrarte, así que más te vale estar preparado. Seguro que te va a doler.
“The storm is comming” sigue la línea de la canción que le precede, y con “Love don’t leave me waiting”, la que para mí la más buenrollista de todas, hace un cambio de tercio. Y es que después de la tormenta, siempre llega la calma.
En “What are we gonna do” vuelve a contar con Marketa Irglova. Glen Hansard se desnuda y se sincera en una letra que parece definir la que pudiera haber sido su última conversación antes de acabar con su relación de pareja con Marketa: “No quiero perderte”- dice él. Y ella le responde que no quiere cambiarle, pero que está muy lejos de lo que era cuando le conoció. Con la misma desnudez, cantando a modo de susurro, de manera reposada va abandonando el minimalismo a medida que se van incorporando en la canción los distintos instrumentos.
“Races” es otra balada sincera que suena a himno irlandés donde Glen hace un acto de humildad que no suena a falsa modestia. “El que haya ganado algunas carreras no significa que sea mejor o más rápido que cualquiera”- canta. ¿Cómo no amarle?
"Philander" es mi favorita. Sencillamente me pone ese toque tan sensual. Comienza con un espasmo de piano para ir reptando hacia una especie de oscuridad barroca. En los versos en cambio escasea la instrumentación, haciéndolos aún más contundentes y que destaque una voz rugosa, que raspa, pero que gusta, porque resulta que te está diciendo que siempre va a quererte y va a estar ahí.
“Song of good hope” fue escrita para un amigo que sufría de cáncer. Es simplemente una perfecta obra de belleza y tristeza a partes iguales, un pedazo de su vida relatado a modo de cuento, donde siempre hay una moraleja: a pesar de la dureza del momento, tienes que agarrarte al amor y a la esperanza.
Si aún no te he convencido, puedes probar a escuchar su disco (si es que aún no lo has hecho) en Spotify, o en su web, o emocionarte con el acústico que hizo en la radio pública estadounidense, o directamente presentarte a uno de sus conciertos en España: en Madrid el 13 de febrero en Joy Eslava, Bilbao el 14 en el Kafe Antzoki o Barcelona el 15 en el Festival Milenni.
  

13 comentarios:

  1. Tiro un euro esloveno al aire21 de enero de 2013, 1:39

    Me ha encantado, Rita.
    Gallina de piel me ponen “High hope”, “Bird of sorrow” y “The storm is comming”.

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    1. ¡Muchas gracias primer comentarista! ¡Bienvenido/a!

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  2. Disfruto más de Glen y Markéta o de The Frames que de Glen en solitario, pero me parece una crítica muy acertada. Y en nada concierto, ¡con Lisa Hannigan, nada menos!

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    1. ¡Muchas gracias slumberland! Me tengo que poner a investigar sobre Lisa Hannigan, de la que sólo sé que es irlandesa y que ha trabajado con Damien Rice. Seguro que suena estupendamente bien. ¡Saludos!

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  3. Qué blog tan apasionante, es mi descubrimiento del día. A mi también me gusta Glen, Rita, y desde ya te enlazo con nuestro blog!

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    1. Muchas gracias. Yo os sigo desde hace tiempo, pero ando tan pez que no se cómo enlazaros. Aprenderé, aprenderé.

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    2. Cuando vi a Swell Season en el Victoria Eugenia disfruté del concierto una barbaridad. Si tengo dinero iré a verle a Bilbao.

      Fantástica reseña. Lo único que no me gusta es que con lo bien que escribes no aceptaras mi propuesta de escribir en el café... ;-)

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    3. Jajaja, viniendo de tí, es todo un cumplido, muchas gracias. Pero me pasa como con la cocina, que no siempre apetece hacerlo para otros, porque puede suponer mucha presión.

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  4. Toda clase de suertes para este recién estrenado blog!!

    De momento me han entrado ganas de volver a ver "Once", la vi en su día en el cine, pero ya te digo que me ha picado el gusanillo!

    Besos blogueros :)

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    1. ¡Es todo un honor tu presencia por aquí! Si te gustó "Once", te recomiendo el documental "The Swell Season". Es como si fuera la segunda parte, solo que además es real.
      Que te pique también el gusanillo de retomar el blog :-)

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  5. Gran análisis! El disco en solitario de Glen debería ser de escucha obligatoria...Un saludo!! http://carmensocias.wordpress.com/

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    1. Muchas gracias! Yo no me canso de disfrutarlo. Ganas de ver cómo suena en directo.

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  6. No sabes cómo me he identificado con tus palabras, verdaderamente tengo una fijación y cierta complicidad, pues también siento que lo conozco, la sensación de que se me parte el alma cuando escucho su música jamás me había pasado...

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