viernes, 14 de febrero de 2014

Capullos, mariposas y otras cosas


Corazones, ositos de peluche con carteles que dicen “te quiero”, querubines que te apuntan con sus flechas, poemas, flores y mariposas del color de la pasión. La imaginería romántica inunda las calles estos días con motivo del día de los enamorados, ¡hasta en las fruterías, oiga! La tele anuncia pizzas con forma de corazón (¿se puede ser más hortera?), tarifas de teléfono ilimitadas para poder contarle a tu amor todo lo que quieras y más, televisan películas protagonizadas por Jennifer Aniston, Kate Hudson o Sandra Bullock, referentes indiscutibles de los grandes fiascos románticos de la historia del cine…

Por si no te habías enterado, hoy es San Valentín, y el amor está en el aire campando a sus anchas. Podrás intentar contener la respiración para no infectarte, o pasear como un borrico con anteojeras para no fijarte en los escaparates, pero es difícil escapar del marketing que rodea al amor, que por algo dicen que es lo que mueve el mundo.

Espera, ¿es el amor o el consumismo lo que nos mueve?

Resulta que es una fecha que se tacha de cursi y que le molesta a la mayoría:

- A los que están en pareja porque esperan el detalle del otro. Por mucho que vayas con el rollo de que no necesitas un día concreto para demostrar el amor y que si estás enamorado, San Valentín es cada día del año, admite que si tu amado no viene a casa aunque sea con una flor, te vas a ofuscar.

- A los que están solteros porque toca mucho las pelotas que te vengan a recordar tu condición de “forever alone”. ¡Que dejen de meter el dedo en la llaga, por favor! Y de convencerme de que para los desparejados el 14 de febrero es el día de la amistad, de la misma manera que el día del sorteo de Navidad para la mayoría de los mortales que jamás hemos pillado un buen pellizco, se convierte en el día de la salud. Te incitan a regalarle algo a tu mejor amigo, y si no, a comprarte cualquier caprichito en pro del amor propio, que el amor hacia otro está bien, pero el que nos profesamos a nosotros mismos, es aún mejor.

Y si te espanta tanta cursilería, ahora que se lleva tanto el ser anti-sistema y anti-todo, siempre puedes convertirte en un grinch y unirte a las celebraciones del “Anti-San Valentín”, lanzándote a las calles a quemar ositos y corazones, a boicotear encuentros amorosos y a pisotear rosas.

El caso es celebrar lo que sea... y sobre todo gastar.

Admito que tanta ñoñería ha conseguido afectarme, y me ha dado por hacer balance de mi desastroso pasado sentimental.

Ya en mi más tierna infancia y con apenas 6 años, sufrí mi primera decepción amorosa. Se ve que desde pequeña me iba la caña, y me fui a fijar en Currito, el más malo de la pandilla, aquel niño más pendiente de hacer travesuras y de levantarle la falda a las chicas, que de dar cariño a cualquiera de las que suspirábamos por él. Menos a Natalia, claro, la niña guapa de la urbanización. Por él aprendí a quitarles la concha a los caracoles o a partir avispas por la mitad, pero parece que no fue suficiente para impresionarle y jamás me correspondió. Le perdí la pista cuando dejamos de veranear allí, pero con el paso de los años, ha seguido apareciendo en mis sueños. Si es que cuando el amor llega así de esta manera… Seguro que ahora Currito es un señor bajito y calvo, y a Natalia me la quiero imaginar como una señora con bigote y culo de mesa de camilla, y una prole de churumbeles a sus faldas. ¡Muerte a Natalia!

Si repaso los diarios de mi adolescencia, cada semana el objeto de mi conquista y  protagonista de mis sueños tenía un nombre distinto. No es que mi corazón fuera caprichoso, sino que sus vaivenes estaban determinados por el caso que me hiciera mi enamorado: ¿Que no te has enterado ni si quiera de que existo? Pues me busco a otro hasta que lo consiga y sea correspondida y así sucesivamente. La realidad es que hasta llegada la mayoría de edad aproximadamente, tuve el don de la invisibilidad para con los hombres, con lo cual enumerar a todos los amores platónicos que tuve y a los que envié cartas de amor (y que fueron ignoradas en su mayoría), sería una tarea imposible.

Eso sí, cuando tenía 13 años, unas semanas antes de marcharme de vacaciones, conseguí ligarme al Don Juan del barrio, Andrew, un chico unos años mayor que yo, guapísimo, que tenía moto y tocaba la guitarra, y que dejó a la que entonces era su novia para salir conmigo. Fueron unas semanas de incredulidad y subidón de autoestima por tamaña conquista, de caminar por las nubes pintando corazones por todas partes. No cabía en mí de gozo.

A la vuelta del verano alguien me dijo que él quería hablar conmigo, y conociendo su fama de rompecorazones, me puse en lo peor.

- Tenemos que hablar – dijo él.

- Sí, pero yo primero. He pensado que quiero dejarlo contigo – le dije adelantándome a los acontecimientos y fingiendo una chulería que en realidad yo no tenía - ¿Qué me querías contar tú?

- Ah, bueno, pues nada… si eso es lo que quieres… – contestó él cabizbajo.

Con el tiempo me enteré de que él no quería cortar conmigo, sino que en mi ausencia me había escrito una canción y quería enseñármela. Mi orgullo me impidió recular, pero aún hoy me arrepiento de mi gran cagada. ¡Cómo pude ser tan imbécil, ¿¿por quéeeee??! Y sí, le he buscado en Google y Facebook, pero las imágenes de los resultados que me devuelven, no tienen nada que ver con aquel chico guapetón de ojos verdes por el que sufrí por amor de verdad, y quedaría raro intentar contactar con alguien con quien tuve algo allá por el pleistoceno.

Con veintipocos años y cuando aún era inocente, tierna, casta y boba, sufrí el flechazo más fulminante de mi vida. Recuerdo perfectamente la primera vez que Santi se cruzó en mi camino, y a partir de entonces, hice todo lo que estuvo en mi mano y más, para conseguir que él también se fijara en mí, hechizo amoroso con velas y pelos suyos incluido.

Cuantas veces me bajé un par de paradas de metro antes para pasear por delante de donde él trabajaba y hacerme la encontradiza; cuántas veces le esperé agazapada tras un coche para salir de mi escondite cuando él pasaba y fingir el “uy, no te había visto, qué casualidad” y así poder entablar una conversación... Me enamoré hasta las trancas de quien creí que era mi media naranja, esa persona especial y única con la que el tiempo volaba y de la que siempre quería más.

Conseguí que cayera en mis redes, y juntos vivimos una especie de simbiosis creyendo que nos necesitábamos incluso para respirar. Éramos la pareja perfecta incluso a los ojos de la gente, y mis amigos me llamaban “la novia de España”, por mi disposición y devoción a mi amado, al que le preparaba galletas y croquetas para llevárselas a la garita cuando le tocaba estar de guardia haciendo la mili, y por el que me rompía la cabeza ideando todo tipo de sorpresas para celebrar nuestros mesarios, aniversarios o cumpleaños. Y por supuesto San Valentín, los dos únicos que recuerdo haber celebrado en toda mi existencia.

Casi tres años más tarde, a colación de no sé qué le confesé que cuando le conocí le había hecho un hechizo de amarre para conquistarle. Y jiji jaja, cómo eres, estás loca, qué cosas tienes, pero casualidades de la vida o no, fue decírselo y empezar a irse nuestra relación al garete. Y no, no he vuelto a hacer el mongolo con la magia nunca más. Por si acaso.

La ruptura con él me dejó tocada y hundida. Teñí mi pelo rubio de moreno, y yo cambié, pero sobre todo varió mi concepción sobre el amor y las relaciones.

Desde entonces, he experimentado las distintas tipologías del amor: me he encaprichado, encoñado, ilusionado, obsesionado, apasionado, obcecado y sobre todo equivocado un montón de veces. He vuelto a querer y a entregarme a gente que lo merecía y a otros que no, he dado con algún que otro hombre maravilloso, con bastantes mediocres y con infinidad de capullos; pero no he vuelto a experimentar aquel amor romántico y perfecto con ninguno de ellos, y sobre todo, jamás he conseguido que la balanza entre las partes contratantes estuviera equilibrada. Creo que perdí la magia, literal y metafóricamente hablando.

El amor es una enfermedad incurable que se expande por tus entrañas y que suele dejar secuelas, pero sus beneficios normalmente superan con creces a sus perjuicios. Y qué bonita es la sensación de las mariposas bailando en el estómago, ese no se qué que te  convierte en un manojo de nervios antes de volver a ver a esa persona especial, el échame una mano prima que viene mi novio a verme y no sé qué vestío ponerme, el andar con sonrisa de gilipollas todo el día y sufrir de ceguera permanente. Qué curiosa la transformación del lenguaje que conlleva el estado de enamoramiento, que hace que seas incapaz de nombrar a tu enamorado por su nombre de pila, sustituyéndolo por cosas como “pequeño”, “cariño”, “gordi”, “bicho” o cualquier otra moñada. Qué llamativo que se produzca también una involución dialéctica y que todos los temas te recuerden a esa persona y no puedas hablar ni pensar en otra cosa más...

A pesar de todo, sin duda no hay otra enfermedad que le siente mejor al cuerpo.


No puedo convencer a mi corazón
 si yo no dudo y estoy seguro que él tiene razón. 
No voy a asesinar esa sensación 
 si yo la quiero, yo la deseo aunque me dé dolor. 
Yo no quiero sufrir pero aquí estoy 
 y estoy sufriendo y no me arrepiento, me cago en el amor.

"Me cago en el amor", de Tonino Carotone 









25 comentarios:

  1. Jajaja a mi chico lo llamaba yo por un nombre femenino jaja, o sino suelo llamar con diversos apelativos pero nada de "corazón" de hecho cuando me llaman así suelo contestar "Sí riñón" y si me llaman "cielo" yo llamo "nube", "amor" yo "odio", y así.
    La verdad que en pareja nunca hice nada especial un día como hoy. Como mucho ir a cenar. Regalos creo que solo una vez me regalaron unos pendientes. Pero como digo en mi blog, estando en pareja nunca he esperado gran cosa, ya sé que es una estupidez hacerse más "ilusiones" estando soltera pero es así jajajaja! Hoy miraré en mi buzón, el cual encontraré vacío porque la factura de la luz ya llegó, bueno igual viene la del agua...
    Me hace gracia lo que cuentas porque yo de peque era mucho de enamoriscarme de uno y otro, faltaba que uno de prestara un lápiz para verme paseando con él de la mano XD. Hay que ver lo tontos que hemos podido ser, ahora lo tuyo con el guaperas no tiene nombre! jajaja!

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    1. Bueno, y como me estaba quedando la entrada demasiado larga, he cortado de repente y he obviado las verdaderas historias que marcaron mi desdicha. Algún día tal vez las cuente, cuando tenga otro ánimo menos alegre. Pero sí, lo mío no tiene nombre.
      ¿Riñón? Tu concepto del romanticismo me tiene anonadada, jajaja.
      Yo he planeado para esta noche ponerme mi mejor traje de noche, o sea, el pijama, pedir una pizza de esas con forma de corazón y compartirla con mi perro. :-P

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  2. A mi personalmente San Valentín me parece un invento cutre, mejor celebrar el amor cualquier otro día.
    Ay, el amor...

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    1. ¡Coño, Shakira! Jajajaja. ¿No lo vas a celebrar?

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  3. Si es que el amor es lo que tiene, en exceso agota, en ausencia crea mono y tristeza, pero en su justa medida, tiene a valorarse poco.

    Besos y felicidades ;)

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    1. ¡Y qué difícil es la mezcla exacta de todos sus ingredientes para que no predomine ninguno! Como cuando preparas un gazpacho...

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  4. Me he quedado un poco helado por los paralelismos de algunas cosas que cuentas y mi propia experiencia. Disfruta de la pizza (yo tengo planazo de peli y manta...no coment).

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    1. Uy, cuenta, cuenta! ¿Y si escribes un día una entrada y la publico aquí? Sería interesante leer un punto de vista masculino.
      Pizza siempre es bieeeeen, y estando solo, tocas a más :-P

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    2. Por el momento con las dos entradas que luzco en mí cabeza tengo suficiente...pero tomo nota ;-)

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  5. Rita hablando de San Valentin, el amor... yo tengo los huevos cargaditos de amor, lo digo por si te interesa... es un amor muy amoroso...

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    1. Juas! ¿Por qué lo llamas amor cuando quieres decir sexo? Ando bien servida de eso, gracias.

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  6. Natalia añora aquellos días en que no sabia mentir y su caita dulce hacia todo el trabajo. Ahora es una completa arpía
    Las mariposas salen volando si no van acompañadas del palmo y medio de romanticismo.

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    1. Natalia quién es?

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    2. Anónimo, si preguntas quién es Natalia, es que no has leído la entrada.

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  7. Jajaja, es que me encanta la canción de Tonino Carotone, es buenísima...
    Estoy tan de acuerdo con eso de que San Valentín es una fecha comercial, a mí (y en serio lo digo) si me hacen un regalo el 14 de febrero es que me ofendo, jajaja. No me gusta ni un poco el festejar lo que la sociedad te dice que tenés que festejar, me gusta que alguien me regale algo cuando quiere y porque quiere no porque hoy hay que estar enamorado...
    El tema del amor es muuuuuy complejo, lo sabemos todos. Pero no hay que perder la esperanza, me parece. A mí me pasó más o menos como a vos, ni te digo la de relaciones fallidas que tuve en mi vida, la de desengaños, llantos, etc, etc. Lo que rescato de todo ello es el crecimiento y la experiencia que fui adquiriendo, todo ello hizo que elija bien más adelante, hoy en día tengo una pareja magnífica y estoy segura que en parte tiene que ver con todo lo vivido en el pasado... Yo prefiero el haber sufrido por los hombres a estas mujeres que ves que están con el único hombre que conocieron en su vida...
    Un beso, por suerte San Valentín ya pasó, jajaja.

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    1. Cierto, no envidio nada a gente que conozco que lleva toda la vida con el novio que conoció en el colegio, por muy romántico que parezca. Ensayo y error, ensayo y error... ese es más o menos el resumen de mi vida sentimental, pero desde luego tengo un montón de experiencias y batallitas que contarle a mis...¿sobrinos? Por que a este paso creo que no habrá hijos ni por lo tanto nietos.
      La verdad es que cada vez me da más pereza los líos que conlleva el tener pareja. Lo que tenga que ser, será.
      Besos a ti también, y disfruta de tu amor, ¡no lo sueltes que el mercado está fatal!

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  8. Y este fondo de pantalla trebol-corazones???

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  9. Me ha dado error al publicar y ya no recuerdo cómo empezaba el comentario. :S

    Todas las Natalias son detestables y más cuando te encuentras con ella en una reunión con tus compañeros de colegio y ves que está monísima y sigue igual de maja que siempre, porque no todas son detestables. La ventaja es que una es la única chica soltera y sin hijos del grupo y los solteros te miran de otra manera, no sólo porque estás disponible sino porque has tenido una vida distinta a las de las demás. Aun así, abajo las Natalias, abajo San Valentín, pero arriba el amor :)

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    1. En realidad Natalia no tuvo la culpa de nacer más mona que las demás, pero sienta de bien poder focalizar el odio hacia una mujer.... jajaja. Arriba abajo, abajo arriba. Así todo el día.

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    2. Jajaja, sí, por eso decía que todas son detestables, pero no todas lo son. Me lié un poco pero quería decir lo que has dicho tú :D

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  10. 2014 y seguimos con Andrew!!, y le has buscado!!, no me lo puedo creer... Anda, toma un brownie. Un beso grande. (Casualidades...)

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    1. ¿Quién eres? Brownie? Casualidades? Mi no entender...

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  11. ¡La verdad que yo estoy genial soltera, y con mucha felicidad celebre el anti-valentin!
    Con esta sociedad moderna que se lleva ahora, de viva el amor libre, la gente soltera.. ¡todas esas cosas!
    La verdad que a mí el estar soltera en este momento de mi vida me está aportando infinitas cosas buenas.

    Por cierto, me gusta tu forma de expresarte.
    ¡Saludos!

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    1. Gracias Marina. Veremos si cuando lleves muuuuchos años así, lo sigues disfrutando tanto y te sigue aportando infinitas cosas buenas. ¡Te pediré la fórmula!

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