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Bonita peliroja, ilustración de Paula Bonet http://shop.paulabonet.com/es/ |
Becuma, de encantadora belleza pálida, carnes
macizas, largo pelo rojizo, labios jugosos y mirada cautivadora, era una mujer ante
la que los hombres sucumbían. El movimiento cadencioso de sus anchas caderas y
su sonrisa pícara los enloquecía a todos. Pero aunque por fuera luciese
atractiva y resplandeciente, Becuma se desmoronaba en su interior, y la
tristeza colmaba su espíritu. Dice la leyenda que aquellos que la veían, debían
mantener relaciones sexuales con ella, pero por algún motivo, nunca se
enamoraban.
Becuma quiso romper el
maleficio que la condenaba a estar sola, y en una noche de San Juan, acudió a
la playa y se postró desnuda ante la luna llena. Enloquecida por su resplandor
sobre el mar, se empapó el cabello siete veces en el agua salada. Cerró los
ojos y trató de permanecer quieta entre el suave vaivén de las olas, añorando
todos los hombres perdidos. Deseó controlarles, torcer su indiferencia hacia un
interés genuino y doblegar su voluntad para que todos ellos la amaran.
- Cordis tuum mecum est
hommes – le gritó a la luna. De pronto las olas empezaron a mecerla con más
intensidad. – ¡Cordis tuum mecum est hommes! – volvió a repetir aún más alto.
La tercera vez que pronunció el conjuro rugió el mar, y entonces acudió el
Diablo a su llamamiento:
- Mendiga ayer, hoy
reinarás. Juguete de los hombres, serás la amada de Satán. Nadie como tú
conocerá el placer y gemirás con espanto al amar, recibiendo en tu alma el
poder de destruir el origen de tu pesar.
*****
A Virginia, que escuchó en
alguna ocasión la historia de Becuma de boca de su abuela, le apasionaban todos
esos cuentos de terror que almacenaba en su habitación y que había leído y
releído tantas veces. Le encantaban la magia, los horóscopos, echar las cartas y
los fenómenos paranormales.
Desde pequeña se sentía
diferente a otras personas; en ocasiones soñaba lo que les sucedería, era capaz
de sentir la presencia de parientes difuntos y otras energías, o de contestar
preguntas que aún no se habían articulado.
Su abuela venía de una larga
tradición de curanderas, y de ella aprendió la alquimia de la herboristería y
las fórmulas mágicas de recetas secretas. Sin embargo Virginia quiso ir más allá
cuando cayó en sus manos un libro de Scott
Cunningham titulado “La Magia de los
Cuatro Elementos". Solía decir que los trucos no existían, que la
magia era real.
Al crecer, las diferencias
con el resto y las premoniciones se hicieron más marcadas. En el barrio corrió
el rumor de que era medio bruja; un par de vecinas amargadas, la culparon de
todos sus infortunios, suponiéndole poderes especiales para encantamientos de
toda índole. Incluso una de ellas comentaba que la había visto “con aspecto de
levitación”.
Los malos presagios atormentaban
cada vez más a Virginia, incapaz de negar sus dones o de impedir que éstos
crecieran, y al mismo tiempo, también aumentaba su sufrimiento y desesperación.
– Estás chiflada – le solía decir la gente. Fue la ignorancia sobre lo que en
realidad le ocurría, la que le llevó a un breve ingreso hospitalario en la
unidad de psiquiatría.
Algunos años de terapia
después, consiguió dejar a un lado la magia y decidió aplicar a la cocina su buen hacer en la combinación de los distintos ingredientes. “La
alquimia de su cocina es sagrada”, decía una de las innumerables buenas críticas
que empezó a recibir su restaurante.
Fue precisamente en el
restaurante donde conoció a Juan, su amante en los últimos años, un músico que
siempre que su gira se lo permitía, era asiduo a sus mesas; devoto de sus platos
y sobre todo del postre que siempre le esperaba cuando cerraba el restaurante. Él
era un hombre carismático e interesante, en ocasiones frío y sarcástico, otras
veces un caballero dulce y gentil, con un agudo sentido del humor, capaz de
crear un extraño poder gravitatorio a su alrededor. Juan era el típico
conquistador, más preocupado por sí mismo que por el entorno, y eso incluía a
Virginia. Sin embargo consiguió hacer que ella se sintiese más que agradecida
por poder compartir algunos de los momentos de la vida de un ser tan único como
él.
A pesar de que Virginia no saboreaba sus besos en exclusividad, se sentía feliz por ser la favorita de Juan, hasta
que un día éste le encontró una sustituta y ella cayó en la desesperación. Fue
un 24 de junio.
- Qué ironía – pensó observando
su reflejo y el de una espléndida luna llena sobre las aguas del estanque del
Retiro. – Maldigo no poder ser más su costumbre, pero juro que al menos seré el eterno
recuerdo – se dijo fijando la vista en la luna.
*****
Juan no volvió a saber nada más de Virginia. Se comió las ganas de
escribirla como tantas otras veces durante las primeras semanas desde su
ruptura.
Unos meses más tarde, tuvo un pequeño accidente de coche. Había acabado embistiendo
al coche delantero al quedarse embelesado contemplando la Puerta de Alcalá y al fondo la entrada al Retiro. A consecuencia de aquel despiste, sufrió un esguince
cervical y empezó a padecer un dolor crónico en el hombro izquierdo. Solía
enganchar un resfriado tras otro y no acababa nunca de recuperarse del todo; no era de extrañar, con lo mal que se alimentaba. Semanas
después surgió una plaga de cucarachas en su casa, que probablemente apareció tras unas obras en el patio interior. También se le vino abajo un proyecto de trabajo, pero la verdad es que las cosas
no iban bien en la empresa desde hacía bastante tiempo.
Gonzalo, su compañero de departamento, le propuso visitar a una naturópata
y acupunturista conocida por tratar a importantes futbolistas, a ver si conseguía
que se mejorase un poco. Decían de ella
que con sólo sentir el pulso, podía ver lo que ningún estudio científico era
capaz de detectar: el historial clínico y emocional de las personas, es decir,
los impactos que la experiencia de vida dejaba registrados en el cuerpo, y que
se manifiestan a través de dolencias o padecimientos físicos, mentales o
espirituales. Sin embargo no fue capaz de notar nada raro en Juan, aparte de la
contractura en el omóplato, falta de vitaminas y un severo estrés.
Darío, su mejor amigo, le sugirió bromeando que quizá alguien le había
hecho “algún trabajillo”. A él Virginia siempre le pareció un poco rara, y lo que más le extrañaba era que su gata, que solía buscar los mimos de las visitas y era de lo más social, bufase sólo a Virginia cuando iba a su casa y corriera despavorida a esconderse.
Para comprobar si había algo de magia negra, leyeron que tenía que dejar durante trece días unas
tijeras bajo la cama en forma de cruz, entre el colchón y el somier, a la
altura de donde colocaba el pecho al dormir. Si las tijeras
se volvían negras, entonces es que le habían echado algún mal de ojo.
Lo cierto es que pesar de que Juan había rehecho su vida junto
a otra persona, algo le decía que Virginia estaría siempre presente y no era capaz de
borrarla de su memoria. De hecho, cuando se tocaba pensaba en ella. Sólo
conseguía eyacular si recreaba su bonito rostro, y
cuando estaba con su pareja, no era a ella a quien veía, sino a Virginia. Y la
odiaba por eso.
Trece días más tarde, amaneció como cada mañana con el pensamiento de
Virginia. La imagen en sueños de sus pechos le produjo una erección, y después de masturbarse, tomó la suficiente determinación para mover el colchón. Entonces
comprobó que las tijeras seguían intactas con su color cromado.
- Maldita hija de la gran puta, ¿por qué tenía que ser el sexo tan
mágico contigo que no te quito de la cabeza? – pensó.
A Juan siempre le quedaría la duda sobre cuánto había de cierto en ese
pensamiento.
FUENTES DE INSPIRACIÓN:
Qué relato tan intenso... Anda que molaría hacer brujería (pero de la buena. Jajaja). Besotes!!!
ResponderEliminar¡Muchas gracias Alter! Pero según cuenta tu gato, algo de brujería haces, no? Jajajaja. Mua!
EliminarEsto me recuerda a una chica de Granada. Seguiré "maldito"? jajaja. Un besote
ResponderEliminar¡Cuánto tiempo sin verte por aquí, compi! Qué te haría esa chica, o más bien qué le harías tu! Mua!
EliminarMuy bueno! El tema interesantísimo y además escrito en forma perfecto. No soy quien, pero te felicito sinceramente.
ResponderEliminarUn beso grande
Pues viniendo de ti, es mucho, de veras. Ha sido todo un reto lanzarme a escribir algo así, por lo que me alegro mucho de haberlo pasado y con nota según tú. Mil gracias.
EliminarEsta mezcla de realismo y magia me atrapó. Gracias
ResponderEliminarY que en realidad no hable de la gata de Darío que es un personaje inventado, sino de la tuya que me odia, eh? Pa servirla, señora!
EliminarMe encantan los cuentos de mujeres poderosas que no saben dejar de serlo a tiempo.
ResponderEliminarPues fíjate que hasta que no lo has dicho no había caído en la cuenta de que quizá a la protagonista se le fue de las manos su poderío. Gracias por hacerme pensar.
EliminarYo iba a decir que me encantaría tener algún poder, pero que puede ser peligroso si no se puede controlar. Creo que se la fue más de las manos a Becuma que a Virginia.
EliminarMe ha gustado mucho. BSS
Bueno, es que Virginia la pobre no hizo nada más que echar de menos a Juan y desear que él siempre la recordase, como ella haría con él, pero ni hechizos ni nada. Becuma en cambio se pasó de lista y por repetir 3 veces el conjuro, se le apareció el Diablo.
EliminarYo creo que estas cosas siempre se acaban yendo de las manos y se vuelven en tu contra multiplicadas. Mejor no abrir puertas que una vez abiertas no puedas cerrar.
Muchas gracias por entretenerte :-)
Me gusta, si señorita, me gusta mucho.
ResponderEliminar¡Hombreee, cuánto tiempo! Me encanta que te guste. :-)
EliminarYa empezamos en el mal camino, he perdido por segunda vez mi comentario, en fin, volveré a empzar.
ResponderEliminarTe decía que me ha gustado mucho el relato, tiene buena dinámica. no me gustan cuando decaen en su desarrollo y el tuyo me ha enganchado.
Además el tema me apasiona.
Ahora sólo queda, ir leyendo poco a poco tus anteriores entradas para poder conocerte mejor.
Hasta pronto, Rita.
Muchas gracias Yeste, me alegro de tu vuelta a tu casa y a la de tus vecinos y que hayas parado en la mía. Espero no chafarte si te cuento que esta es la primera vez que escribo eso, un cuento, pero viendo el éxito, igual me animo a escribir más idas de olla como esta.
Eliminar¡Mira que os gusta a todos lo de la brujería, eh? Habrá que ver vuestras escobas!
jajajaja, la mía es laaaarga y muy cómoda, dado que la utilizo muy a menudo, jeje.
EliminarCuando se tiene estilo al escribir y se pone corazón al hacerlo, sale bien aunque sea la primera vez.
Oish! Gracias! :-)
EliminarNi se te ocurra hacer lo mismo no sea que se claven las tijeras y jodamos el colchón nuevo
ResponderEliminarJuas! Con lo ancho que es, ni de coña se jode.
EliminarMe ha gustado .
ResponderEliminar¡Aquí hay tomate! (Perdón por el chiste malo).
EliminarGracias, Orlando.
Contar chistes no es lo tuyo . ^_^
ResponderEliminarEs que no era magia negra, sino verde...jajaja.
ResponderEliminarMe ha encantado!
Besotes!
O igual era rosa, que es que hay hombres que prefieren negar sus sentimientos antes que dejarse atrapar por ellos :-)
EliminarSe le pasará.
ResponderEliminarCualquier noche. Con cualquier rubia.
Seguro!
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